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Cuando el Anillo Cayó al Polvo romance Capítulo 1046

Definitivamente, Joana era una mujer llena de artimañas.

¿Por qué aquellos matones no la habían deshonrado el día de la boda?

Al pensar en eso, Tatiana sintió un alivio.

Por suerte, había sido muy cautelosa al contactar a esos tipos.

Nunca se mostró en persona.

Incluso para comunicarse usó un número de teléfono diferente y las transferencias de dinero se hicieron desde cuentas en el extranjero.

Al final, aunque esos hombres terminaron en la cárcel, no tenían ni idea de quién era ella.

Hasta el día de hoy, el autor intelectual no había sido capturado.

Incluso si esos matones hubieran querido delatarla, no tenían cómo hacerlo.

Las palabras de Joana, sin embargo, captaron la atención de Fabián.

Su mirada se volvió más profunda.

Tatiana se cubrió el estómago, con los ojos enrojecidos.

—Fabián, ¿tú tampoco me crees?

Fabián se frotó la frente.

—Que te crea o no depende de lo que hagas.

Tatiana asintió, esbozando una sonrisa amarga.

—Bien, si es así, ya no sé qué sentido tiene mi vida. ¡Creo que sería mejor morirme que ser calumniada de esta manera!

Mientras hablaba, su mirada se desvió de manera sutil hacia Joana.

Joana se quedó perpleja.

¿Qué intentaba hacer esa mujer?

Mientras Joana se lo preguntaba, Tatiana corrió hacia el último piso.

Los ojos de Fabián se abrieron como platos; no esperaba que Tatiana reaccionara de una forma tan extrema.

Joana también gritó:

—¡Espera!

Pero Tatiana fue demasiado rápida. Ya estaba cerca de las escaleras.

Justo cuando iba a subir, Arturo la detuvo.

Se paró frente a ella, mirándola desde arriba con una expresión gélida.

En ese momento, Fabián también llegó y la agarró con fuerza de la muñeca.

—¡Joana! —rugió Fabián—. ¡Mujerzuela! ¿Qué estás haciendo?

—¿Qué estoy haciendo?

Joana atacó sin piedad.

—¿Acaso necesitas que te revisen la vista? Si no puedes ver lo que pasa, vende tu empresa y busca un buen médico.

Arturo esbozó una sonrisa.

Esa era la verdadera Joana.

Sin reprimir su carácter.

Si algo le molestaba, lo decía sin rodeos.

El rostro de Fabián se ensombreció por completo.

—Joana, ¿por qué eres tan venenosa?

—¿Venenosa yo? Si no se hubieran aparecido aquí, les aseguro que yo tampoco tendría ganas de verlos.

Pero Tatiana se cubrió la cara, con las lágrimas corriendo como un río.

—Joana, ¿cómo puedes ser así? ¿Por qué eres tan autoritaria? ¿No nos vas a dejar vivir en paz?

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