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Compláceme, Papi romance Capítulo 97

Grace

Me quedé mirando el celular con la cabeza ladeada, como si la pantalla pudiera darme las respuestas que buscaba. No me dio ninguna. Por más vueltas que le diera, seguía sin entender la llamada de la noche anterior.

Ni siquiera tuve que preguntar quién era; la voz de Charles cuando estaba borracho era inconfundible. Pero ¿por qué iba a llamarme así, de repente, para decirme que me amaba y luego colgar?

No tenía sentido.

Aunque, claro, nada de Charles ni de su familia tenía sentido. Por el bien de mi salud mental, me había jurado no volver a pensar en ellos. Pero la llamada seguía rondándome la cabeza.

Más extraño fue el silencio que vino después. Ninguno intentó molestarme. El señor Grayson me había dado un día para pensar en su oferta. Nunca le respondí, pero aun así no recibí llamadas, mensajes furiosos ni amenazas de su parte.

Dejé vagar la mirada por el cuarto hasta que se detuvo en la ventana del señor Reed. Se me revolvió el estómago. ¿Habría sido él?

¿Apollo había intervenido? ¿Les había advertido a Charles y su familia que se mantuvieran alejados de mí? ¿Por eso me llamó Charles?

Gemí y apoyé la frente sobre la mesa. Tantas preguntas me abrumaban. Ya no entendía nada. Estaba confundida, agotada y hecha un lío, pero sí sabía algo. Si Grayson, un hombre al que consideraba uno de los más peligrosos del mundo, se había echado atrás por Apollo, tal vez llevaba todo ese tiempo temiendo a la persona equivocada.

Tal vez no debía temerle a Grayson. Tal vez debía temerle a Apollo. Ante ese pensamiento, me tapé la cara con ambas manos.

—¿Señorita Grace?

Me paralicé y bajé las manos. Austin estaba frente a mi escritorio.

—Ah... Buenos días —dije. Me obligué a enderezarme.

—Buenos días —respondió con una sonrisa.

—Gracias por lo de ayer, Austin. La comida estuvo deliciosa —dije mientras le devolvía la sonrisa, aunque seguía con los nervios de punta.

Decir que estuvo deliciosa era quedarse corto. Me lo devoré todo después de salir de la oficina de Apollo.

—De nada —respondió Austin entre risas—. Es uno de mis restaurantes favoritos; es caro, pero vale la pena.

Asentí.

—Ah, antes de que se me olvide, el señor Reed pidió verla.

—¿A mí? —Me señalé, atónita.

—Sí, señorita Grace.

Fruncí el ceño. ¿Por qué Apollo preguntaba por mí tan temprano? No había hecho nada malo. Llegué a tiempo. No rompí ninguna regla, a menos que...

Eché un vistazo al bolso sobre mi escritorio. El trabajo inconcluso de ayer. Después de la fiesta no lo toqué. Para cuando llegué a casa, estaba demasiado agotada incluso para pensar.

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