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Compláceme, Papi romance Capítulo 86

Grace

En cuanto puse un pie en el restaurante de estilo coreano, me arrepentí.

No me malinterpreten, no era por el restaurante en sí. Al contrario, me encantaba la decoración. Los biombos de madera, los faroles, el tenue aroma a carne a la parrilla... Todo me recordaba aquellas noches que pasaba en vela viendo dramas coreanos y deseando teletransportarme a sus mundos.

Así que ese no era el problema. El problema era la gente. En cuanto crucé la puerta, todos los presentes voltearon a verme. Me paralicé y parpadeé como idiota.

¿No se suponía que íbamos a reunirnos con el equipo de relaciones públicas? Serían, no sé, unas veinte personas. Tal vez menos. Pero, a juzgar por lo lleno que estaba el lugar, había fácilmente más de treinta.

¿Qué demonios? ¿Estaba aquí toda la empresa?

Se me secó la garganta. Odiaba las multitudes. En ese momento, solo quería dar media vuelta, agarrar a River del brazo y salir corriendo antes de que alguien se acercara. Pero River entró detrás de mí, cerró la puerta y también se detuvo al ver aquel mar de gente. Se quedó perplejo y abrió un poco la boca.

—Creí que dijiste que habían reservado el lugar —murmuré mientras recorría el salón con la mirada, nerviosa.

—Eso me dijeron —respondió River.

Antes de que pudiera sugerirle que huyéramos mientras aún estábamos a tiempo, se escuchó una voz.

—¡Oh! ¡River ya llegó!

Todas las mujeres se volvieron hacia la puerta y se les iluminó la cara como si acabaran de recibir un regalo. Se sonrojaron, les brillaron los ojos y algunas hasta cuchichearon entre sí, tapándose la boca con la mano.

Claro, tenía que haber entrado con él. Una de las estrellas de la empresa. El hombre al que parecían tener en la mira todas las chicas del edificio. River estaba imperturbable, como si recibiera esa clase de atención todos los días. Yo, en cambio, de pronto quise meterme en el agujero más cercano y desaparecer.

¿En qué estaba pensando al llegar con él? Ahora parecía una cierva a la que habían arrastrado a la boca del lobo.

—¡Grace, River! —nos llamó el señor Aiden, jefe del equipo de relaciones públicas, desde el otro extremo del salón mientras agitaba un brazo. Tenía la cara encendida; era obvio que estaba borracho—. ¡Por acá! ¡Les guardé lugar a los dos!

Ah, perfecto. River bajó la mirada hacia mí, divertido. Se inclinó tanto que su aliento me hizo cosquillas en la oreja.

—No te preocupes —murmuró mientras me apoyaba una mano en el hombro, como para guiarme hacia delante—. Me aseguraré de que salgamos de aquí con vida.

Lo fulminé con la mirada.

—Vaya, gracias —murmuré.

Se rio entre dientes, evidentemente divertido a costa de mi desgracia. Nos abrimos paso entre las mesas hasta el señor Aiden. Para cuando llegamos, yo ya estaba convencida de que esa noche sería un desastre.

—¡Ahí están! —anunció Aiden con orgullo y dio un manotazo demasiado fuerte sobre la mesa. Nos miró con los ojos vidriosos y una sonrisa boba—. Mis dos empleados nuevos favoritos, la brillante Grace y River, el galán del departamento.

Me ardieron las mejillas. Me había llamado brillante. Dios, cómo me encantaba ese aprecio. River, en cambio, parecía no darle la menor importancia. Aiden se inclinó hacia delante.

—Los demás son del departamento de ventas. Nos los encontramos de camino. Buscaban un lugar donde organizar su fiesta de bienvenida para el personal nuevo. —Su sonrisa se ensanchó como si acabara de hacer una obra de caridad—. Así que, como soy tan buena persona, les ofrecí compartir el lugar con nosotros. ¡Ja!

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