Entrar Via

Compláceme, Papi romance Capítulo 64

Apollo

Sonó mi celular.

Lo miré y dejé que vibrara contra la mesa mientras decidía si valía la pena contestar. Lo más probable era que quien llamaba hablara más de la cuenta. Pero después del tercer timbrazo, me di cuenta de que el ruido no iba a parar, así que contesté.

—Vaya, pero si es mi mejor amigo —retumbó la voz de Genesis por el altavoz—. Al fin contestaste. Pensé que estarías demasiado ocupado para atender mis llamadas.

Tomé un sorbo de café negro antes de responder sin ganas:

—Sigo siendo tu jefe y, aun así, me llamas como te da la gana. ¿Te parece apropiado?

—Por supuesto —respondió—. Porque eres mi amigo. Eso significa que tengo todo el derecho a molestarte.

No perdí el tiempo intentando hacerla entrar en razón. Últimamente entendí que discutir con la gente requería más energía mental de la que estaba dispuesto a desperdiciar, y prefería reservarla para asuntos que de verdad importaban.

Miré la puerta cerrada al otro lado de la habitación. Todo lo que hacía me tomaba por sorpresa. Incluso su forma de pensar.

“Mmm, ¿pensaba ir tras de mí usted mismo?” Su voz de hacía un rato resonó en mi cabeza y me hizo sonreír apenas.

—Qué divertido.

—¿Qué? —preguntó Genesis.

—¿Por qué llamaste, Genesis?

—Para sacarte información, claro. ¿Lo hice bien anoche? ¿Hiciste algo? ¿Lo disfrutaste?

Genesis no sabía respetar los límites ni parecía interesada en aprender a hacerlo. No tenía sentido explicarle que ciertos asuntos no eran de su incumbencia. Sin embargo, la última pregunta se me quedó dando vueltas.

¿Lo disfruté?

Recordé la noche anterior, la sensación de tenerla debajo de mí, cómo le tembló el cuerpo cuando me hundí en ella, cómo me apretó con tanta fuerza que casi olvidé respirar y el sonido de su voz al quebrarse entre el placer y la incredulidad.

Tragué saliva y apreté la taza con los dedos hasta que la porcelana crujió apenas. ¿Disfrutarlo? La respuesta era de una sencillez insultante.

Tan sencilla que, cuando la vi esa mañana envuelta en una manta, despeinada y hecha un desastre, tuve que recurrir a todo mi autocontrol para no arrastrarla de vuelta a la cama y cogerla otra vez.

Hacía mucho que una mujer no me hacía sentir así. Demasiado.

Al principio creí que me atraía por una razón sencilla. A diferencia de la mayoría de las mujeres, ella no se me lanzaba encima. Tal vez eso fue lo que me atrapó, la curiosidad por saber qué pasaría si esa mujer tan empeñada en mantener las distancias por fin me permitía acercarme.

Siempre fui de los que tomaban lo que querían. Nunca le di a nadie una segunda oportunidad de entrar en mi vida. Y, aun así, después de lo ocurrido la noche anterior, en vez de sentirme satisfecho, la deseaba más que antes.

Me pasé una mano por el cabello e intenté concentrarme, ordenar mis ideas.

—¿Sabes? Es la primera vez en mucho tiempo que te oigo suspirar de verdad —dijo Genesis al otro lado de la línea.

Arqueé una ceja ante el comentario inesperado.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Compláceme, Papi