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Compláceme, Papi romance Capítulo 189

Grace

Levanté la vista hasta encontrarme con sus ojos y gemí al ver aquel fuego familiar en su mirada, el que me decía que quería tomar el control. Tenía todos los músculos tensos y mi cuerpo respondió. Sentía cómo temblaba, cómo lo necesitaba con un deseo que no había podido contener.

Me aparté despacio y dejé que un poco de saliva cayera de mis labios. Le sonreí con atrevimiento y me lamí los labios.

—Puede cogerme por la boca, señor Reed.

En cuanto escuchó mis palabras, se le oscureció la mirada, se le dilataron las pupilas y dejó escapar un siseo bajo.

—Carajo, princesa —gruñó.

Volví a bajar y me lo metí entero en la boca hasta la garganta, pese a lo mucho que me estiraba. Tuve una leve arcada y sentí la tensión en la garganta, pero lo mantuve dentro, saboreando cada centímetro, sintiendo cómo se sacudía y palpitaba en respuesta.

Antes de darme cuenta, me sujetó del cabello con fuerza. Un escalofrío me recorrió la espalda mientras jadeaba con él en la boca y sentía el dominio que irradiaba. Me jaló del cabello y entró durísimo en mi boca. Maldijo al llegar al fondo de mi garganta; luego salió y entró otra vez de golpe.

Al principio movía las caderas despacio, poniéndome a prueba, y yo me adapté sin pensarlo. Lo acompañaba con los labios y la garganta estirados, tragando y moviendo la cabeza al ritmo que él imponía. Él gemía cada vez que llegaba al fondo; tenía los ojos oscuros y me aferraba con las manos, reafirmando que era suya. Apoyé las manos en él, le acaricié la base y le hice rodar los huevos en mi mano.

Su ritmo me provocó más arcadas; se me llenaron los ojos de lágrimas, pero no aparté la mirada de él. Observaba la tensión de su mandíbula, las sacudidas de sus caderas al ritmo de mi boca y cómo se le entrecortaba la respiración con cada movimiento. Era implacable y dominante.

—Así. Deja esa boquita bien abierta para mí —gruñó, jalándome del cabello para acercarme más y obligándome a recibirlo todavía más adentro. Volví a tener arcadas; me estiraba, y mis labios lo rodeaban, húmedos y cálidos. Sus gemidos resonaban por toda la habitación.

Me acomodé y jugué con la lengua en la parte inferior, tan sensible, rozándole la punta con movimientos rápidos y rodeándolo con lamidas veloces. Sentía cómo se tensaba su cuerpo y me encantaba su reacción, cómo no podía contenerse.

Dejó escapar un siseo brusco y gimió mi nombre mientras empujaba con más fuerza, obligándome a recibir más de él. Mi pecho se apretaba contra la parte baja de su abdomen y cerré las piernas al sentir cómo se sacudía en mi boca. Su ritmo era cada vez más intenso y supe que estaba cerca. No me aparté, ni siquiera cuando sus movimientos se volvieron más erráticos y desesperados.

—Ah, carajo. Me voy a venir. —Se le tensó la mandíbula; el cabello le caía sobre la cara y se le entrecortaba la respiración. Me sujetaba firmemente del cabello para detener mi cabeza mientras penetraba más rápido dentro de mi boca. Tuve una leve arcada y me lo tragué mientras palpitaba, saboreándolo y dejando que me llevara al límite de lo que podía soportar.

Sentí el primer estremecimiento que lo recorrió y gimió cuando se vino en mi boca. Mi garganta se estiró a su alrededor y tragué, dejando que se vaciara dentro de mí. Temblaba y sus caderas se sacudían con cada pulsación; yo lo mantenía cerca y le acariciaba la base al mismo ritmo.

Echó la cabeza un poco hacia atrás, respirando con dificultad y sin apartar la mirada de mí. Apreté las piernas y lo mantuve contra mí, sintiendo cada espasmo mientras se recuperaba del clímax, todavía aferrado a mi cabello.

Dejé que disfrutara de las últimas oleadas de placer, moviendo la cabeza, con los labios húmedos y cálidos, hasta que se relajó y me soltó el cabello.

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