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Compláceme, Papi romance Capítulo 168

Grace

Hay momentos en la vida en los que no necesitas ni una neurona funcionando para darte cuenta de que estás jodida.

Ese era uno de esos momentos.

Mi cuerpo lo comprendió antes de que pudiera asimilarlo. El corazón me golpeaba las costillas. El calor me subió a la cara y cada segundo se volvía más insoportable a medida que aceptaba la realidad.

Era una mujer muerta.

Apollo Reed estaba apoyado con despreocupación contra la pared de azulejos, como si fuera el dueño de todo el mundo. Me recorrió despacio la piel mojada con la mirada y siguió el trayecto de las gotas que me resbalaban por la clavícula hasta desaparecer bajo el agua lechosa de la tina. Me observaba como si estudiara algo único y prohibido. Como si estuviera decidiendo si devorarlo o no.

Bastó esa mirada para que se me entrecortara la respiración. Me ardía la cara cuando me hundí más en la tina para intentar ocultarme, aunque sabía que era inútil. El agua no iba a salvarme.

Nada podía salvarme.

Perfecto, Grace, qué manera de irte al infierno.

¿Por qué dije eso? ¿Por qué no me di la vuelta en cuanto escuché abrirse la puerta? ¿Por qué no me di cuenta de que Eleanor jamás se quedaría callada ante algo así? ¿Por qué no tuve cuidado?

Debí hacerle caso a aquella vidente que me advirtió que mi boca sería mi perdición. Claro que lo sería. ¿Cómo no iba a serlo? Hablo sin pensar.

Volví a mirarlo de reojo. Apollo me sostuvo la mirada, sereno e indescifrable, pero algo había cambiado en sus ojos. Había una intensidad que me retorcía el estómago. A esas alturas, suplicar por mi vida parecía la opción más inteligente.

—S-señor Reed, yo... —empecé con voz quebrada.

—En algo tenías razón —me interrumpió con esa voz grave que me alteraba el pulso.

Parpadeé al mirarlo.

¿Razón? ¿En qué? Había dicho al menos veinte cosas humillantes en los últimos cinco minutos. ¿Cuál estaba a punto de echarme en cara?

—¿E-en qué? —susurré.

Apollo se apartó de la pared y caminó hacia mí. Al llegar al borde de la tina, se detuvo. Se alzaba sobre mí y su mirada era tan penetrante que me inmovilizaba. Luego se inclinó. Antes de que pudiera reaccionar, metió los brazos bajo el agua, me rodeó y me incorporó hasta apretarme contra su pecho. El agua se agitó y se derramó entre los dos.

Se me ahogó un jadeo cuando me llevó la otra mano al cuello y me sujetó con sus dedos cálidos y posesivos. Me mantuvo allí, sin dejar de mirarme a los ojos. Percibía el aroma de su loción mientras mi cuerpo desnudo y chorreante se apretaba contra la firmeza del suyo.

—Te tendría sobre mi escritorio en un minuto —murmuró—. Y no podrías caminar cuando terminara contigo, princesa. —Me acarició un lado del cuello con el pulgar mientras me miraba con creciente deseo—. Después de todo, cuando veo algo tan deslumbrante, mi primer impulso es destrozarlo.

—Ah...

Se inclinó hacia mí y, antes de que pudiera reaccionar, aplastó sus labios contra los míos. Un segundo antes me miraba como si quisiera devorarme y al siguiente ya me besaba y me dejaba sin un solo pensamiento.

Un momento, ¿me está besando? ¿En lugar de lanzarme por la ventana más cercana por hablar como una idiota?

Estaba confundida. No entendía por qué se comportaba de otra manera. El Apollo que yo conocía me habría castigado, pero en ese momento no podía pensar en eso.

Capítulo 168 Mi primer impulso es destrozarlo 1

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