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Compláceme, Papi romance Capítulo 166

Grace

Me ardía el cuerpo. Me pesaba hasta el último músculo y no tenía fuerzas. Tenía la garganta seca y hasta respirar me costaba. Intenté moverme, pero apenas lo hice, un dolor punzante me recorrió los músculos. Era inútil. No podía mover ni un dedo sin sentir que el cuerpo me castigaba por hacerlo.

Suspiré bajito e intenté no pensar en el dolor ni en la fiebre que me quemaba bajo la piel. La luz de la luna me rozaba la cara, pero no tenía fuerzas para girarme ni cubrirme los ojos con la cobija. Me quedé acostada, sin energías, demasiado cansada para que me importara cualquier cosa.

Cuando estaba a punto de volver a dormirme, alguien llamó a la puerta.

—¿Tía Grace?

No necesité abrir los ojos para saber que era Lucas. Por las mañanas siempre hablaba bajito, como si no quisiera despertar a toda la casa.

Como no respondí, abrió la puerta. Escuché sus pasitos por el piso y, un segundo después, la cama se hundió cuando se subió. Me tocó el brazo con su manita y me dio unos golpecitos suaves.

—Tía —volvió a llamarme—. Despierta, por favor. Ya es de noche y la cena está lista. No desayunaste. Mamá me dijo que te despertara. Tienes que comer algo.

Me quejé bajito y me obligué a abrir los ojos. Hasta parpadear me dolía. Lucas me miraba con el ceño fruncido y una actitud de desconcierto en su carita. Volvió a darme unos golpecitos en el brazo.

—¿Tía?

Intenté sonreír, pero la voz se me quebró y me dolió al hablar.

—V-voy a estar bien, Lucas. Iré a cenar más tarde.

Me miró preocupado.

—¿Por qué?

—No tengo hambre —susurré.

Lucas parpadeó.

—La comida de papá es rica. No comiste esta mañana mientras mamá y papá estaban trabajando. Te va a dar hambre.

—Estoy bien. Solo dame unos minutos. Comeré después.

Lucas no parecía convencido. Arrugó la naricita y me miró como si no creyera nada de lo que decía. Pero, al cabo de un momento, se inclinó y me dio un besito en la frente.

—Está bien —susurró.

Se deslizó hasta el borde de la cama, bajó con esfuerzo y cerró la puerta con cuidado al salir.

En cuanto se fue, me dolió todo el cuerpo. Sentía que los últimos días me habían llevado más allá de mis límites y ahora sufría las consecuencias. Tenía la frente sudada y temblaba.

Apreté los ojos. No quería preocupar a nadie. Eleanor y Wyatt ya tenían bastante con Lucas, Liana y el restaurante. No necesitaban que yo les diera más preocupaciones. Podía arreglármelas sola. Siempre lo hacía.

No sería la primera vez que me enfermara sin tener a nadie que me cuidara.

Aun así, una pequeña parte de mí sufría por eso. Habría sido lindo tener una madre que corriera a mi lado, me abrazara y se quedara conmigo hasta que me sintiera mejor. Veía cómo las madres de mis compañeros les daban ese cariño, incluso por algo tan sencillo como un resfriado. Yo nunca había conocido ese afecto.

Volví a cerrar los ojos con la esperanza de que el sueño calmara el dolor.

La puerta volvió a abrirse, pero esta vez ni siquiera tuve fuerzas para girar la cabeza. Antes de darme cuenta de lo que ocurría, sentí una mano tibia en la frente.

Eleanor jadeó del susto.

—Wyatt, está ardiendo.

Casi al mismo tiempo, otra mano me tocó la cabeza. Luego escuché la voz de Wyatt.

—Sí, está ardiendo. Tenemos que llevarla al hospital.

—Mamá, papá, ¿está bien la tía Grace? ¿Está enferma? ¿Se va a poner bien? —preguntó Liana con su vocecita temblorosa.

Lucas habló enseguida.

—Está muy pálida, mami.

Eleanor les respondió rápido e intentó tranquilizarlos, aunque estaba a punto de entrar en pánico.

—No se preocupen, niños. Vamos a llevarla al hospital.

Gemí y por fin hablé en un susurro.

—Están exagerando. No me voy a morir.

Capítulo 166 No me voy a morir 1

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