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Compláceme, Papi romance Capítulo 163

Grace

Piper se echó el cabello hacia atrás y sonrió despacio. Me sostuvo la mirada, muy segura de sí misma.

—¿Sabes qué? Siempre me he preguntado qué te ve el jefe. Es rico, guapo, mayor... El sueño de cualquier mujer. Muchas matarían por tenerlo. Entonces, ¿por qué alguien como él querría a una nerd estúpida como tú?

Me examinó la cara y se le notaron los celos.

—Pero ahora que te veo de cerca, lo entiendo. ¿Quién iba a imaginarse que eras tan bella? Eres una mujer extraña. ¿Por qué ocultar esa cara tan bonita y vestirte como una nerd, con peluca y lentes? ¿Era una estrategia? ¿Una trampa? ¿Una forma de conquistarlo? —preguntó en un tono más cortante—. Así que, además de puta, eres una perra manipuladora.

Sus palabras resonaron entre las paredes, cargadas de veneno. Landon palidecía a cada segundo. Se volvió hacia ella, presa del pánico.

—¡¿Estás loca, Piper?! ¡Cierra la puta boca! ¿Quieres que nos maten?

—¿Que nos maten? Te equivocas, Landon. Puede que tú te mueras, pero yo no. —Se rio con desprecio y se recostó en la silla como si fuera invencible—. A mí no me va a pasar nada. Por eso Apollo y River no me golpearon. Puede que les intereses —dijo mientras me miraba con asco—, pero yo también les gusto. No van a dejar que me pase nada. Pronto saldré de aquí. Y, la verdad, no le tengo miedo a nadie. Mucho menos a alguien como tú.

Solo la miré.

No había dicho nada desde que entré ahí. Piper vivía en una fantasía mucho más absurda de lo que imaginaba. Pero yo no estaba ahí para escuchar sus insultos ni sus delirios.

Había ido por una sola razón. La miré a los ojos y pregunté con voz serena y firme:

—¿Por qué?

—¿Por qué? —Piper parpadeó, ladeó la cabeza y estalló en carcajadas. Se rio hasta que casi se le salieron las lágrimas—. ¿Por qué qué? No me digas que preguntas por qué hice lo que hice en el baño.

Se inclinó hacia delante.

—¿Eres idiota? ¿No es obvio? Lo hice porque eres una perra y te detesto. Eres inferior a mí —dijo entre dientes—. No entiendo por qué te prestan tanta atención. No entiendo por qué de pronto les empiezas a caer bien a todos. Ni por qué te crees la protagonista cuando no eres más que una puta estúpida.

—¡¿Y por qué carajos les interesas al jefe y a River?! ¡¿Por qué te protegen?! ¡¿Por qué te miran como si importaras?!

Golpeó la mesa con el puño tan fuerte que el metal vibró.

—¡No eres nadie! ¡Nadie! ¿Cómo te atreves a actuar como si fueras alguien? Quería ponerte en tu lugar. Para que la próxima vez que intentes fingir que vales algo, recuerdes quién eres.

El pecho se le agitaba; respiraba de forma entrecortada e irregular. Por fin lo había dicho todo.

Solo la miré.

Así que era eso.

Hizo todo aquello, les habló a esos hombres, me acorraló y dejó que intentaran abusar de mí porque tenía celos. Celos de que la gente empezara a tratarme como a un ser humano. Celos de que Apollo y River me ayudaran. Celos de que yo existiera sin hacer que mi vida girara alrededor de su ego.

La miré con odio.

¿Por qué siempre se ensañaban conmigo? Nunca les había hecho nada. Jamás les pedí que me prestaran atención. Solo quería vivir en paz, pero siempre aparecía alguien como ella que intentaba destrozarlo todo. Como si no tuviera derecho a confiar en mí misma. Como si necesitara el permiso de alguien para respirar.

Aunque tuviera la atención de Apollo, nada justificaba lo que ella hizo.

Me ardía la piel, como me pasaba cuando la ira crecía tanto que ya no podía expresarla con palabras. Cuando me enojaba, nunca gritaba ni golpeaba cosas. Me convertía en otra persona. Alguien que no reconocía a la mujer amable que había sido antes.

Y sentía que esa otra persona empezaba a apoderarse de mí.

—Bueno... Al final, no pasó nada, ¿verdad? —dijo Piper a la ligera; se rio de pronto y se recostó con una sonrisa de satisfacción—. Debiste tener más cuidado. Tal vez la próxima vez deberías ponerte algo que te cubra el cuerpo para que los hombres no te deseen.

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