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Compláceme, Papi romance Capítulo 139

Grace

Una vez me mordió un perro. Apenas tenía siete años. Recuerdo el dolor punzante que me desgarraba la pierna, la sangre que me escurría y cómo se me quebraba la voz al pedir ayuda a gritos. Lloré esperando que alguien viniera, pero nadie lo hizo. Tuve que arrastrarme hasta el hospital, temblando y aterrorizada, mientras me apretaba la herida con mis pequeñas manos para contener la sangre.

Luego hubo otra ocasión, cuando tenía quince años. Llevaba días enferma, con fiebre y apenas capaz de sostenerme en pie. Mis padres ni siquiera se dieron cuenta. Recuerdo quedarme mirando el techo, esperando que alguien fuera a ver cómo estaba, y comprender que no lo harían. Así que me levanté, mareada y semiconsciente, y volví a arrastrarme hasta el hospital.

Hubo muchas ocasiones en las que tuve que valerme por mí misma, sabiendo que nadie más lo haría. Aprendí que, si no actuaba, terminaría en peligro.

Después de aquellas experiencias, algo cambió en mí. Dejé de esperar que alguien viniera cuando gritaba. Dejé de creer que alguien vendría a salvarme. Si quería sobrevivir, tenía que lograrlo por mi cuenta.

Incluso con Eleanor y Wyatt, dos de las pocas personas que alguna vez me brindaron consuelo, esa vieja sensación jamás se fue. Esa voz en mi cabeza que me susurraba cada vez que las cosas salían mal: “Nadie te salvará. Hazlo sola”.

Y tal vez por eso sentí en ese momento aquel instinto familiar que me revolvía el estómago, el mismo que siempre aparecía cuando el peligro estaba cerca.

Algo no estaba bien. Corría peligro. Miré a Piper, Jackson y Landon. Sus caras me lo decían todo. Sin siquiera pensarlo, corrí.

Me lancé hacia la puerta, pero antes de que pudiera alcanzarla, Jackson me sujetó la muñeca y tiró de mí con tanta fuerza que caí al suelo y me golpeé la cabeza contra la pared.

—¡Ah! —grité de dolor, sujetándome un lado de la cabeza mientras el mundo me daba vueltas. La vista se me nubló y, por un instante, todo se tiñó de rojo.

Rojo literal.

Cuando me llevé la mano a la frente y la retiré, había sangre.

El corazón me retumbaba en el pecho y el pánico me cerraba la garganta. El lugar parecía ladearse y dar vueltas mientras el extraño calor de antes regresaba con más fuerza y se extendía por todo mi cuerpo.

—Ja, ja, ja. ¿A dónde crees que vas, maldita perra? —se burló Piper—. ¿Crees que puedes irte? ¿Después de todo lo que me hiciste?

Sus palabras ni siquiera tenían sentido. Tenía la mente nublada y el cuerpo tembloroso, pero me obligué a concentrarme. No podía permitirme perder el control.

“Piensa, Grace. Piensa”.

La puerta.

Si tan solo pudiera alcanzar la puerta, tal vez lograría salir. Un solo vistazo me bastó para confirmar lo que ya sabía. No había escapatoria. Me estaban bloqueando el paso. Jackson estaba parado enfrente, con los brazos cruzados, mientras Landon se apoyaba perezosamente a su lado como si estuviera viendo un espectáculo. Piper se encontraba unos pasos más adelante, con una sonrisa cruel.

Tragué saliva, tratando de pensar. Tenía que haber otra manera. Ya había estado antes en este salón; había estudiado la distribución cuando planifiqué el evento. Por eso sabía que no había una segunda salida. Y, para empeorar las cosas, recordé algo.

Si gritaba, nadie vendría. El baño era insonorizado porque en ese lugar se recibía a celebridades, políticos y personas que buscaban privacidad. Nada de lo que ocurriera adentro podía escucharse afuera, a menos que alguien entrara.

Como si pudiera leerme el pensamiento, Piper ladeó la cabeza.

—Ay, pobrecita —dijo con voz dulce—, eso tampoco te va a servir.

Parpadeé al mirarla mientras se me encogía el estómago.

Sonrió con malicia.

—Puse un letrero de fuera de servicio en la puerta. Así que, aunque pase alguien, no va a entrar. Y tiene puesto el seguro.

Sus palabras me cayeron como un golpe.

—Así que —continuó mientras se cruzaba de brazos— no tienes escapatoria. No importa lo que se le ocurra a ese cerebro tan brillante tuyo.

Capítulo 139 Nadie te salvará 1

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