Entrar Via

Compláceme, Papi romance Capítulo 135

Grace

—Hermoso, ¿verdad? —El señor Aiden me sacó de mis pensamientos.

Volteé hacia él. Observaba a la multitud con una sonrisa satisfecha.

—Menos mal que recomendaste el salón grande —dijo—. Si hubiéramos elegido el más pequeño, ahora mismo estaríamos ahogados en quejas.

Asentí mientras intentaba ocultar lo confundida que me sentía.

—Sí, es muy hermoso.

Asintió brevemente sin dejar de sonreír y me indicó que lo siguiera.

—Bien. Vamos. Te presentaré a algunas personas.

Cruzamos el salón, esquivando meseros y grupos de invitados vestidos de gala, hasta que nos detuvimos cerca de un pequeño grupo de personas impecablemente vestidas que estaban a un lado. El señor Aiden se detuvo junto a ellos.

—Oigan, ella es Grace, la pasante. La mayoría probablemente ya la conoce.

Una de las mujeres del grupo, de unos treinta y cinco años, se volvió hacia mí y sonrió.

—Por supuesto que sí, todos en la empresa saben quién es. Es la pasante inteligente a la que siempre elogias. —Me miró de arriba a abajo por un instante antes de añadir—. ¿Cómo estás? Te ves preciosa esta noche.

Sentí que la cara me ardía.

—Gracias.

Aiden rio entre dientes a mi lado y señaló a los demás.

—Ellos son algunos de los gerentes principales de la empresa —explicó—. Están aquí para supervisar el evento e intervenir si algo sale mal. Sé que eres capaz, por eso te traje.

Antes de que pudiera responder, un hombre del grupo se rio.

—Escuché que confiabas en ella, pero no sabía cuánto. Ni siquiera dejas que los empleados de planta asistan a estos eventos por si cometen errores, ¿y aun así trajiste a una pasante?

Aiden sonrió, sin inmutarse.

—Con el tiempo verán por qué —dijo y luego se volvió hacia mí—. En fin, cuídenla. Tengo un asunto que resolver.

El grupo asintió y algunos se despidieron con la mano mientras él desaparecía entre la multitud.

En cuanto el señor Aiden se fue, uno de los hombres que estaban cerca me volteó a ver con una sonrisa arrogante.

—La verdad, he escuchado hablar mucho de ti —dijo.

El tono de su voz no era ningún halago; era una burla. Alcé una ceja al mirarlo y enseguida supe qué clase de hombre era. Creía que su cargo lo volvía intocable y superior a todos, incluso cuando estaba parado junto a ellos. Me miró con desprecio, como si no mereciera estar en el mismo salón. Antes de que volviera a abrir la boca, ya sabía que no diría nada bueno.

—Escuché bastantes cosas de boca de tu compañera, Piper —dijo con una sonrisa burlona cada vez más amplia.

Ah. Por supuesto. Tuve que contenerme para no poner los ojos en blanco. Piper otra vez. Esa mujer tenía más tiempo libre del que creía.

Antes de que pudiera responder, o siquiera decidir si valía la pena, la misma mujer que me había hecho el cumplido intervino con tono cálido y protector.

—Escuché que ayudaste mucho durante la planeación del evento —dijo, con la clara intención de cambiar de tema.

Aliviada, me volví hacia ella.

—No diría tanto. Todos aportamos ideas.

—Eres muy humilde —dijo antes de inclinarse un poco hacia mí—. Ya que estás con nosotros esta noche, déjame darte un consejo.

Asentí y escuché con atención.

—Intenta evitar a los invitados —dijo—. No hables con ellos a menos que sea necesario. La mayoría son arrogantes y les encanta hacer un escándalo por cualquier pequeñez solo porque pueden. Cuanto más importantes sean, más debes apartarte de su camino. Mientras mantengas la distancia, no te molestarán. La gente así rara vez se fija en alguien a quien considera inferior.

—Aunque nunca se sabe, tal vez logres hacer contactos con alguien influyente. Cualquier cosa puede pasar —añadió. Antes de que pudiera darle las gracias, el mismo hombre de antes suspiró, se cruzó de brazos y dijo: —No le des ilusiones, Vivian. ¿Por qué alguien influyente hablaría con una pasante? Si esto es una pirámide, ella está en la base.

Vivian lo fulminó con la mirada, pero él continuó.

—Y además, ¿qué cualidades tiene ella que puedan atraer a alguien importante? Aiden se equivocó al traerla. Debió traer a Piper. Ella es hermosa, inteligente y talentosa para muchas cosas.

Sentí cómo se me tensaba la mandíbula, pero mantuve la cara neutra. No tenía sentido darle la satisfacción de una reacción.

—Landon, no seas imbécil —dijo Vivian.

Landon se encogió de hombros.

—¿Qué? Solo digo la verdad.

Vivian se volvió hacia mí con gesto de disculpa.

—Lamento esto.

Forcé una sonrisa.

—No, está bien. No me ofende y, como dijiste, nunca se sabe qué puede pasar. Tal vez conozca a alguien influyente.

Landon puso los ojos en blanco y suspiró.

—Uy sí, cómo no. Si lo logras, diré que eres mi Diosa.

No le hice caso a Landon.

Era mi superior, claro, pero por la forma en que hablaba de Piper quedaba claro que eran cercanos. Probablemente más que cercanos. Lo que fuera que pasara entre ellos no era asunto mío y hablar con él era una pérdida de tiempo.

Volví a concentrarme en el salón y recorrí con la mirada la multitud de figuras poderosas. En ese momento sonó mi celular y todos en el salón voltearon a mirarme.

Por el amor de Dios. Me quedé paralizada mientras el calor me subía a la cara. Había olvidado poner el celular en silencio.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Compláceme, Papi