Grace
—¿Te gustaría besarme, Grace?
Eso fue lo que escuché. Pero estaba segura de que no era lo que acababa de decir.
River no me veía de esa manera. Para él, yo solo era una amiga, tal vez incluso como una hermana. ¿Entonces por qué de pronto estaba tan cerca? ¿Por qué me levantaba el mentón con una mano y me acariciaba la piel con el pulgar, como si esperara el más leve asentimiento, la menor señal para acercarse a besarme?
Me quedé con la mente en blanco.
¿Qué demonios estaba pasando en ese momento?
¿Sería por el vestido? ¿Eso hacía que se comportara así?
No tenía sentido. Sí, me veía bien, pero eso no significaba que yo le atrajera. Había montones de mujeres con mejor cuerpo que revoloteaban a su alrededor todos los días, desesperadas por una mirada. Pero a él nunca le importó. ¿Entonces por qué me miraba así?
—Grace. —Deslizó la mano hacia mi cintura y me inmovilizó.
Se acercó tanto que sentí el calor de su aliento rozarme los labios. Habló en un tono bajo, burlón y peligroso.
—Si no dices nada —murmuró—, dejaré de ser un caballero y te besaré.
El corazón me latía descontrolado. Parpadeé, paralizada. Luego, antes de que se acercara más, levanté una mano y se la apoyé en la frente.
Se detuvo y me miró, frunciendo el ceño.
—Tienes la temperatura normal —dije.
—¿Qué? —preguntó, entre incrédulo y divertido.
Ladeé la cabeza, fingiendo reflexionar.
—Solo me pregunto qué te pasa. Te estás comportando raro.
Me miró fijamente durante un largo segundo, con la boca temblándole como si no supiera si estaba hablando en serio o si me había vuelto loca, y al final soltó una carcajada.
—¿Raro, eh? —dijo entre risitas—. ¿Y qué crees que me hace comportarme de un modo extraño?
Fruncí el ceño, haciendo como que lo pensaba, y luego me incliné hacia adelante, tan cerca que él se detuvo. Teníamos las caras a pocos centímetros y nuestras respiraciones se mezclaban. Entonces me acerqué un poco más y le olí el aliento.
River abrió mucho los ojos y se echó hacia atrás, tapándose la boca con una mano. Por primera vez desde que lo conocía, había logrado tomarlo por sorpresa.
Casi me reí. Por fin sabía lo que era sorprenderlo. Me recosté en el asiento, fingiendo inocencia.
—Solo estaba revisando si estabas ebrio.
Durante un momento, se quedó mirándome, confundido. Luego echó la cabeza hacia atrás y soltó una carcajada franca.
—Increíble —dijo mientras la sonrisa se le ensanchaba más—. No sé si eres demasiado ingenua o si haces esto solo para complicarme las cosas.
—¿Complicarte las cosas? —Parpadeé—. Yo no intentaba...
Volvió a reírse antes de dar un paso atrás.
—Y yo que creía que tenías un buen concepto de mí. Podré ser raro, pero no me presento a trabajar borracho.
Me rasqué la nuca con incomodidad.
—Lo sé. Solo era una broma.
River suspiró, pero los ojos aún le brillaban de diversión.
—Bueno —dijo con una sonrisita burlona—, supongo que fui rechazado.
—¿Rechazado de qué?
—No te preocupes. No soy de los que se rinden fácil. Solo tendré que esforzarme más.
Lo miré y sonreí. Daba gusto verlo comportarse como siempre.
—¿Quieres que hablemos después?
Ladeó un poco la cabeza con su habitual expresión de curiosidad, y me retracté, agitando las manos.
—Quiero decir, no pasa nada si no quieres. Es solo que he estado preocupada por ti estos últimos días. Si alguna vez necesitas hablar con alguien, aquí estoy.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Compláceme, Papi