Grace
Incliné un poco la cabeza y sonreí.
—Muchas gracias por lo de hoy. La pasé muy bien.
Adam me devolvió la sonrisa con calidez en la mirada.
—El agradecido debería ser yo. Me hiciste compañía y no tienes idea de lo bien que me hizo hablar de tantas cosas. —Rio entre dientes—. Es decir, casi nunca conozco a alguien que lea los libros de Lily Cooper, y menos a alguien de tu edad. Fue muy grato hablar de sus obras contigo.
Asentí con entusiasmo.
—¿Verdad? Es rarísimo encontrar a alguien que siquiera sepa quién es ella.
Y de verdad lo era. Ni siquiera me había dado cuenta de cuánto tiempo había pasado; conversamos durante un buen rato, riendo y adentrándonos en las historias de Cooper. Lily Cooper era mi autora favorita desde hacía años. Solía creer que era la única que apreciaba sus obras, hasta que aquel día noté un ejemplar de uno de sus libros en el estante de Apollo. Recordé haber pensado: “Tal vez él también sea fan”. ¡Y ahora, sentada frente a Adam, acababa de encontrar a otro admirador!
—Como ya leíste sus obras anteriores —dijo Adam—, te conseguiré su nuevo libro.
Me sorprendió.
—Ah, no, por favor, no tiene que molestarse —dije deprisa mientras negaba con la cabeza—. No quisiera causarle inconvenientes. Además, vale una fortuna y solo existen dos ejemplares impresos.
Y uno de ellos ya lo tiene Apollo. Dudaba de que el segundo estuviera siquiera en el país. Adam sonrió con orgullo.
—No te preocupes por eso. Mi hijo tiene un ejemplar; se lo quitaré. —Rio entre dientes y su sonrisa se volvió pícara—. Tal vez algún día incluso puedan conocerse y conversar sobre el libro.
Lo miré y contuve la risa. Insistía demasiado en que conociera a su hijo. Aun así, no había forma de que hiciera algo así, y menos cuando ya estaba involucrada con Apollo. Lo nuestro podía ser meramente físico, pero eso no significaba que fuera a lanzarme a los brazos de cualquier hombre que conociera. Aunque tampoco podía hacerlo. Con el rumbo que llevaban las cosas con Apollo, dudaba que me quedaran fuerzas para alguien más.
“No te preocupes por eso. Mi hijo tiene un ejemplar; se lo quitaré”. Un momento después, sus palabras resonaron en mi mente.
“Espera... ¿su hijo?”
Parpadeé y volví a mirarlo, esta vez con atención. Tenía una mirada penetrante y los ojos del mismo tono avellana que los de Apollo. Sus rasgos eran parecidos, sobre todo la mandíbula y esa templanza intimidante al mirar a alguien. Sin embargo, Adam era cálido y accesible, mientras que Apollo irradiaba frialdad y era del todo inaccesible.
Se me revolvió el estómago. ¿Podría ser... el padre de Apollo?
Sacudí la cabeza. No, era ridículo. Una coincidencia absurda. Si eso fuera verdad, el hombre sentado frente a mí era el señor Reed, el padre del soltero más codiciado del país y uno de sus hombres más poderosos. No tenía sentido. ¿Por qué alguien como él intentaría emparejarme con su hijo?
Sin duda me estaba preocupando demasiado. El ejemplar que mencionó probablemente no era el de Apollo; tenía que ser el segundo o quizá una copia falsa.
Al menos, eso esperaba.
—¿Estás bien? —preguntó Adam, sacándome de mis pensamientos.
Alcé la vista y forcé una sonrisa.
—Ah, sí. Estoy bien, solo un poco cansada.
—Entonces no te entretengo más. Ve a casa a descansar. Gracias por hacerme compañía.
—No hay de qué —respondí mientras hacía ademán de levantarme.
Pero antes de que pudiera ponerme de pie, él volvió a hablar:
—¿Puedo pedirte tu número?
—¿Mi número?
Rio entre dientes ante mi expresión.
—No te preocupes, no soy ningún viejo raro ni nada parecido. —Su sonrisa era tan sincera que hacía imposible dudar de su calidez—. Solo soy un anciano solitario al que le gustaría tener compañía de vez en cuando. Ya casi nadie quiere pasar tiempo conmigo; siempre están demasiado nerviosos o se ponen muy serios.
No pude evitarlo y me eché a reír.
—No hay problema.
Sonrió y me tendió su celular. Escribí mi número y se lo devolví.
—Gracias.
—Hasta luego, señor —dije y, tras dar media vuelta, salí del local.
En cuanto salí, el aire fresco me golpeó la cara y sentí que mi celular vibraba sin parar. Había estado sonando todo el tiempo que pasé con Adam, pero no le hice caso por cortesía.

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