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Compláceme, Papi romance Capítulo 110

Grace

Siempre supe que Charles era impredecible. Hacía cosas que ningún ser humano con dos dedos de frente se esperaría. Pero también era un cobarde. No tenía agallas. Entonces, ¿por qué demonios vendría hasta aquí si Apollo ya lo había amenazado?

No lo entendía.

El corazón me latía acelerado mientras salía a toda prisa del ascensor, sin prestarle atención a nadie a mi alrededor. El pulso me retumbaba en los oídos y tenía la cabeza hecha un caos. Choqué con alguien.

—¡Oye!

Agaché la cabeza deprisa.

—Perdón —murmuré y me apresuré hacia la entrada.

La gente me miraba como si hubiera perdido la cabeza, pero no me importaba. No podía permitir que Charles hiciera una escena allí.

Cuando por fin llegué a la entrada principal, se me cortó la respiración. Ahí estaba él, parado como si fuera el dueño del lugar.

Llevaba un ramo de flores en las manos y vestía un traje impecable, hecho a la medida, que lo hacía verse atractivo sin ningún esfuerzo. Claro que sí. Incluso ahora, tenía ese tipo de cara que llamaba la atención sin proponérselo.

Varias mujeres que pasaban a su lado aminoraron el paso, sonrieron y le lanzaron miradas coquetas. Una incluso le susurró a su amiga:

—Está guapísimo.

Sentí lástima por ellas. Todo aquello tenía una ironía bastante cruel. Charles tenía una apariencia capaz de hacer que cualquier mujer volteara a verlo, pero ¿cómo se suponía que les dijera que el hombre por el que babeaban no estaba interesado en ellas? A él le interesaban los hombres.

Alcé la mirada y me encontré con la de Charles. Por un instante, amagó una sonrisa. Arqueó una ceja, me recorrió con la mirada y luego sonrió abiertamente.

Agitó la mano como un niño emocionado que acababa de ver su juguete favorito.

—¡Grace, aquí!

Sus palabras resonaron en todo el vestíbulo y todos voltearon hacia nosotros. Apreté el puño y tensé la mandíbula mientras los murmullos se extendían por el lugar.

—Eh, ¿qué está pasando?

—¿Esta lo conoce?

—Eso parece. Creo que la he visto junto al jefe y a River. Me pregunto qué tiene de especial. ¿Por qué todos los hombres guapos siempre están alrededor de ella?

No le hice caso a ninguno. Sus voces se convirtieron en un zumbido de fondo mientras caminaba hacia Charles. Quiso decir algo, pero no le di la oportunidad. Le agarré la mano y siseé:

—Sígueme.

Lo arrastré fuera de la empresa antes de que llamara más la atención.

El aire fresco me golpeó la cara en cuanto salimos de la empresa. Al principio ni siquiera miré a Charles; seguí caminando mientras recorría la calle con la mirada hasta que divisé una pequeña cafetería al otro lado.

Me dirigí hacia allá mientras mis tacones resonaban contra el pavimento. Charles me seguía en silencio.

La campanilla sobre la puerta de la cafetería tintineó cuando la empujé. El lugar estaba vacío, salvo por un anciano sentado junto a la ventana con un periódico sobre la cara, como si se hubiera quedado dormido a mitad de la lectura. Lo observé por un momento; no parecía alguien de la empresa.

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