Grace
¿Alguna vez has estado en una situación en la que decenas de personas te voltean a ver al mismo tiempo? Pues así estaba yo, sentada mientras gente rica e importante me miraba como si no fuera más que una oveja camino al matadero.
Apreté la falda con los dedos debajo de la mesa. Carajo, esto era insoportable. ¿Y por qué demonios Austin hacía parecer que yo lo había hecho todo? Yo solo le dije a Apollo lo que pensaba; él fue quien entró, hizo quién sabe qué y descubrió la verdad.
Me atreví a mirarlo de reojo. Apollo seguía sentado con calma, como si fuera ajeno a la tormenta en la que me había metido. Nunca me había sentido así, pero por primera vez en la vida quería darle un golpe en la cabeza.
—¿Ella? ¿En serio? —dijo uno de los directores—. ¿Ella resolvió el problema? Escuché los rumores, pero pensé que no eran más que eso. ¿Cómo pudo hacerlo?
Otro se inclinó hacia delante, molesto.
—¿No es cierto? Esto es muy sospechoso. ¿Cómo pudo resolver algo que empleados con experiencia no lograron? ¿Cómo están seguros de que no es parte de la trampa?
—Sí —intervino otro—. Pudo haber sido cómplice. Deberíamos investigarla.
Las voces se alzaron y se mezclaron cuando los directores se pusieron a hablar todos a la vez. Se me revolvió el estómago, pero no dije nada. ¿Qué podía decir siquiera? ¿Que no estaba involucrada, que no había hecho nada malo? Hablar no serviría de nada; la gente como ellos creía lo que quería. Cuanto más intentara defenderme, más culpable parecería.
—¡Vaya montón de locos! Acusan a cualquiera de buenas a primeras —murmuró Chase a mi lado—. No les hagas caso.
—No lo haré.
Se notaba que les molestaba que siguiera ahí sentada en silencio, sin suplicar ni negar nada. Seguro querían que me arrastrara y me derrumbara, pero no iba a hacer nada así. Después de lo ocurrido con Charles y su familia, me juré que nadie volvería a controlar mi vida de esa manera.
De pronto, un hombre azotó la mesa y se puso de pie de un salto. Su voz retumbó en la sala.
—¿Cómo te atreves a seguir sentada ahí? ¿De verdad crees que no te investigaremos? ¡Chase, llama a seguridad!
Chase ni se movió. Se quedó sentado y miró al hombre como si no pudiera escucharlo. El director se puso rojo.
—¡Idiota! Soy más importante que tú. ¡Llama a la policía para que saque de aquí a esta estúpida!
Chase siguió sin responder. Solo ladeó la cabeza, como si de verdad no entendiera nada. Lo miré, sorprendida. Agradecía lo que hacía, pero ¿no se metería en problemas por no hacerle caso a un director de esa manera?
El director iba a decir algo más cuando una voz grave lo interrumpió.
—Hay que tener mucho descaro para hablarle así.
La voz de mando resonó en la sala de juntas. Todos se quedaron paralizados, incluida yo. Todas las miradas se volvieron hacia Apollo. Seguía sentado y tenía los ojos oscuros clavados en el hombre. El hombre parpadeó al mirar a Apollo, confundido.
—¿Q-qué?
Apollo se recostó en la silla y cruzó los brazos; todos los demás en la sala se encogieron ante el gesto.
—¿Quién te dio ese derecho?
El director tragó saliva; le temblaban las manos a los costados.
—Yo... señor, solo me preocupaba que confiara en la persona equivocada. Como director, tengo que asegurarme de que nadie conspire contra la empresa. —Sonrió—. Llevo diez años trabajando aquí. No quiero que nadie y mucho menos alguien insignificante cause problemas, señor.
¿Alguien insignificante?
Mantuve la cara inexpresiva. Ya me habían llamado cosas peores y lo último que pensaba hacer era darle el gusto de verme reaccionar.

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