—Catrina…
—No—ella niega —. Se bien con el hombre con el que me involucre, amo a Dorian tal cual como es, no me quejo de la persona que es—eleva la mirada para ver a su hermana —. Entenderé si él no quiere tener hijos conmigo, puedo comprenderlo, se bien como es comportamiento de Dorian.
—Quizás, cambie—Catrina se ríe burlona.
—No creo que eso llegue a pasar, ese hombre es así.
Elisa no vuelve a decir nada sobre ese tema, pero al menos su hermana estaba clara con el hombre con el que estaba viviendo. Aunque su ex jefe no fuese una persona fácil de llevar, se le notaba que ambos estaban muy conectados y unidos.
[…]
La risa de Luna era contagiosa, y cada vez que bebían más alcohol la conversación se extendía más y más.
—Luna es una gran empresaria—el abogado halaga a su jefa quien palmea su hombro mientras que le sonríe.
—En eso estamos de acuerdo, es una buena empresaria, excelente para hacer negocios—Dorian añade, pero manteniendo su postura.
—Vamos, no sigan hablando, todo lo que se lo he aprendido de mi padre. Él me enseño todo lo que necesitaba saber, se lo agradezco mucho. Sin embargo, se fue de este mundo y aun quedo mucho por enseñarme, pero me ha tocado aprender sola.
La velada se hizo más larga y las horas transcurrieron, pero en eso Dorian recuerda una cosa muy importante en su vida, su mujer.
Estar en ese mundo de las cenas, negocios, tomarse unos tragos con los socios le hizo olvidar que su mujer lo esperaba en casa para cenar. Mira la hora en su reloj fijándose que pasaban las dos de la mañana.
Se pone en pie rápido ganándose la mirada de asombro de sus dos acompañantes.
—¿Ha ocurrido algo? —objeta Luna al verlo de pie dispuesto a marcharse.
—Por favor, envíen la cuenta a mi oficina, yo los invito esta noche.
—¿Tienes que irte? —insiste la mujer algo decepcionada.
—Si, me tengo que ir. Espero que me puedan disculpar, la cena y la conversación estuvo bastante bien.
—Pero si la noche aun es joven, Dorian.
El Ceo le tiende la mano al abogado y luego a ella.
—Espero que la pasen bien, lo que reste de la noche.
En cuanto se marcha el abogado se quita sus anteojos, frota el puente de su nariz y seguido de eso observa a su jefa llevando aquel rostro de infarto e incertidumbre.
—¡Te lo dije! —ella coloca los ojos en blanco.
—¿Qué es lo que me has dicho?
—él tiene esposa.
—¡Idiota! ¿Cómo crees que va a tener esposa? ¿ya has visto la hora que es?
—¿Qué tiene eso que ver? El hombre ha salido corriendo del restaurante, tiene mujer, y lo debe estar esperando en casa.
La mujer deja de mirar a su abogado para ver la entrada del restaurante, tensa la mandíbula al pensar en que Dorian pudiera tener esposa.
—No te involucres con hombres casados.
—No hace falta que me lo recuerdes, ¿ya has hecho la investigación que te pedí?



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