Amanda se quedó fría del impacto. Perdió el habla, se quedó pasmada en el sofá, con la mente totalmente en blanco.
Al ver su reacción, él trató de enmendar el golpe.
—Perdón, me expresé mal. Lo que quiero es adoptar a un niño.
Ella exhaló profundamente, aliviada. Hasta entonces se percató de que tenía la frente y las palmas de las manos empapadas de sudor. Menudo susto; creyó que le estaba pidiendo que se lo engendrara.
Sin embargo, la invadió la curiosidad: con su nivel económico y poder, ¿por qué no tendría hijos propios y recurriría a criar a alguien sin su sangre?
Sus ojos bajaron de forma traicionera hacia la entrepierna del hombre.
«No me digas que...»
Abrió los ojos como platos, estupefacta.
Mauro siguió la trayectoria de su mirada y, de inmediato, captó la barbaridad que cruzaba por su mente.
—Oye, yo...
Antes de que terminara, Amanda lo interrumpió con presteza.
—No tienes que darme explicaciones, ya entendí. Tranquilo, te juro que este secreto se quedará solo entre nosotros.
Y lo remató con una mirada rebosante de lástima y sinceridad.
Con razón Mauro no tenía novia; que estuviera enamorado de alguien más era una cosa, pero que sufriera de ese "problemita" en particular, explicaba mucho.
Incluso la vez que ella estaba drogada y se le arrojó a los brazos, él no había movido un dedo. Todo este tiempo llegó a dudar de sus propios encantos, pero ahora resultaba que se había preocupado en vano.
Con una sonrisa indulgente, indagó con cautela:
—¿Y tu familia sabe lo de tu problema?
A Mauro se le oscureció el rostro.
¿Saber qué? ¿Saber que era impotente? ¿Cuál impotente? Estaba más entero que nadie.
Pero, tras procesar la ventaja de la situación, transicionó a un semblante apenado en cuestión de microsegundos.
—No tienen idea.
Recargado en la cabecera, Mauro la contempló en silencio y dijo con suavidad:
—Señorita Solano, sé que es una petición descabellada, pero uno de los requisitos forzosos para adoptar es tener esposa. De otro modo, no me toman en cuenta. Te doy mi palabra: en cuanto concluya el trámite del niño, firmamos el divorcio. Como compensación, recibirás mil millones de pesos, además de una mansión a las afueras de Clarosol, un yate y varios terrenos. Si crees que me quedo corto, le agregamos más cosas.
En el fondo, Mauro solo quería asegurarle la vida entera para que no le faltara nada, y tras mucho pensarlo, esa era la cuartada perfecta.
Al mismo tiempo, el enorme imperio de la familia Díaz urgía de un heredero, y adoptar un hijo era la alternativa más rápida y controlable.
Amanda apretó los labios. Esta vez no le cerró la puerta en la cara.
—¿Y por qué yo?
Mauro contestó con franqueza:
—Porque eres la candidata perfecta.
¿Candidata perfecta? ¿Según qué criterio? ¿Qué había de su querida Frida? ¿Ella no calificaba? ¿O le había tirado el plan y Frida lo había bateado?
Claro que había otra explicación: por mucho que fuera un contrato pactado, estampar las firmas en el registro civil lo convertía en un matrimonio frente a la ley. Si se divorciaban más adelante, Frida quedaría arrastrando el estigma de ser "divorciada", y seguramente a él no le aguantaba el corazón para hacerle eso.

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