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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 970

Si sabían que el culpable había sido el propio Alan, ¿con qué cara le iban a reclamar a las autoridades? ¿En qué clase de persona se convertiría su muchacho? ¿Quería que la gente lo repudiara toda la vida?

—Pá, ¿qué pasa? —Alan no tenía idea de que el mánager ya había hablado con ellos ni de que lo habían rechazado categóricamente.

—¡Te dije que no lo permito! Si firmas esa basura, ¡hago de cuenta que te moriste y dejas de ser mi hijo!

Pensando que Alan había sido cegado por la ambición, su padre recurrió a las peores amenazas.

—Híjole, pá... ¡tampoco es para tanto! —replicó el joven, sacado de onda.

No entendía por qué su papá se había alterado a tal grado. Ni siquiera había firmado nada; solo lo estaba considerando.

El mánager frunció el ceño, claramente ofendido:

—Señor Serrano, en serio, ¿qué mosca le picó? ¡Cómo se le ocurre bloquearle el futuro a su propia sangre! ¿Acaso no es su verdadero hijo? Porque si lo fuera, ¿no querría verlo triunfar?

Ese comentario estuvo de lo más venenoso.

—¡Ey, a ver cómo que no soy su hijo! —brincó Alan, ofendido antes de que su padre pudiera hablar—. ¿Acaso no tiene ojos? ¿Ve a alguien más igualito a él que yo?

Y era cierto. Alan y el señor Rodrigo Serrano eran prácticamente clones. Rara vez un muchacho se parecía tanto a su padre en lugar de a su madre.

—Está bien, me pasé de la raya, pero lo que me saca de onda es por qué sus papás le están cortando las alas.

—¡¡Lárgate de una vez! ¡Aquí nadie va a recibir dinero malhabido!

—Sabes perfectamente que, siendo muy optimistas, esta clase de traumatismos te quita casi toda la funcionalidad allá abajo. Sería un verdadero milagro si quedas medianamente normal. Gracias a esa especialista, logramos salvarte uno... Así que, con una buena rehabilitación, la pérdida de capacidades no será tan dramática.

Al escuchar las vacilaciones del profesor, Alan captó el mensaje. Tenía que estarle eternamente agradecido al jefe del campamento por no haberlo dejado perder su dignidad de hombre por completo.

—En las redes hay gente queriendo amarrar navajas y echarle la culpa a la escuela. Te pido que no te dejes engañar —le aclaró su maestro.

Ya el tal representante de influencers le había soltado la sopa, así que sabía que la gente andaba atacando al personal sin saber qué había pasado realmente.

Alan asintió con una expresión solemne:

—Entendido, profesor. No voy a hacer caso de chismes. Ya estoy grandecito y sé asumir la responsabilidad de mis idioteces.

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