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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 962

—El doctor Delgado tiene razón, tienes que seguir esforzándote en tus estudios. Por cierto, ¿de qué profesor eres alumna estrella? No recuerdo haberte visto antes.

«¿Quién habrá sido el suertudo que se quedó con semejante prodigio y la tenía tan escondida?», pensó el profesor Tovar.

—Soy de nuevo ingreso, entré este año a la carrera de medicina clínica.

La simple respuesta de Cecilia hizo que a todos los presentes se les salieran los ojos.

Todos asumían que al menos estaba en su tercer o cuarto año, jamás se imaginaron que era novata.

Para colmo, estaba estudiando medicina clínica.

—¿Qué no eras doctora en medicina tradicional? ¿Te equivocaste de carrera?

El profesor Tovar estaba atónito.

Los demás médicos tampoco daban crédito.

—No me equivoqué de carrera. Aparte de estudiar medicina tradicional con mi maestro desde niña, también he aprendido medicina convencional con mi abuela —explicó Cecilia.

—¿Tu abuela te enseñó medicina convencional? —preguntó el profesor Tovar, confundido.

El especialista que había hablado antes lo encontró aún más ridículo:

—En mi vida he visto a alguien estudiar ambas disciplinas desde la infancia. ¿Pues quién es tu abuela?

—Mi abuela es Paloma Ruiz.

Al mencionar el nombre de Paloma, la mitad de los presentes se quedó en shock.

El doctor que criticó a la medicina tradicional en emergencias fue el más sorprendido:

—¿A quién dijiste?

—A Paloma —repitió Cecilia.

—¿Te refieres a la doctora Paloma Ruiz, la cirujana estrella de Villa Solana? —cuestionó el profesor Tovar asombrado.

Aunque la señora Paloma Ruiz ya estaba jubilada, su fama la precedía.

Tenía colegas y admiradores por todo el país.

Casualmente, aquel especialista era uno de ellos.

De hecho, había sido compañero de generación de Paloma.

—No puedo creer que seas nieta de Paloma... ¿Te apellidas Ortiz? Ahora que lo pienso, el marido de Paloma también se apellida así.

El especialista se llamaba Gael.

Resultaba ser una joven formada bajo el ala de Paloma; con razón era tan capaz.

Cecilia captó de inmediato el cambio en su mirada.

—Lo estudio desde que era niña —respondió Cecilia, a quien no le parecía nada raro.

—Menos mal que en la universidad te metiste a medicina clínica.

Gael sentía que Cecilia al fin se había enderezado y había tomado el camino correcto.

A Cecilia le daba igual su opinión:

—Entré a la clínica para acumular mayor experiencia y para practicar. Las dos disciplinas son distintas.

Los demás entendieron a qué se refería; la experiencia clínica era más fácil de poner en práctica en un hospital, mientras que la tradicional operaba bajo otra dinámica.

Aunque Gael moría de ganas por rebatirle, tuvo que morderse la lengua.

Al menos ya tenía un pretexto perfecto para comunicarse con Paloma.

A Cecilia no le importó mucho lo que pensara Gael, en cambio, los otros médicos sí que conocían, de una u otra forma, la fama de su abuela.

Todos concluyeron que no solo era una excelente cirujana, sino que además había sabido instruir a una nieta igual de prodigiosa.

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