Por otro lado, los estudiantes de la Facultad de Medicina también estaban platicando sobre el video donde aparecía Cecilia salvando a una persona usando los cubiertos.
De paso, aprovechaban para criticar a una famosa estudiante de tercer año.
—Neta que lo de Sabrina ya es el colmo, siempre quiere colgarse de todo para llamar la atención.
—Ya es famosísima por andar de arrastrada. Ahorita hasta hay profesores que creen que fue ella y le están echando flores, a ver con qué cara sale a desmentirlo después.
—¿Y la chava del video sí se parece a Sabrina? Según yo, está mucho más bonita.
—Si no fuera la hija del director Hernández, ya la hubieran... Uy, mejor ni digo nada, qué pereza.
—Ojalá que la chica del video salga a dar la cara para callarle la boca a Sabrina.
Alguien alcanzó a ver a Cecilia y le dio un codazo a su compañero:
—Oigan, miren, ¿esa chava no se parece a la del video?
—Oye, pues sí, se da un aire. La cafetería era inmensa, pero las casualidades existían.
—Si de verdad es la del video, entonces sí está muchísimo más hermosa que Sabrina.
—Uy, cuando Sabrina la vea, se va a morir de envidia.
Varias de las chicas se rieron con cierta malicia, pues Sabrina era toda una celebridad en la Facultad de Medicina.
Aunque no precisamente por tener buena reputación.
Sabrina era una chica sumamente competitiva, pero su ambición llegaba al punto de pisotear a los demás, así que era lógico que no la soportaran.
—¿Por qué siento que todo el mundo nos está volteando a ver? —Mireya frunció el ceño.
—A lo mejor no es tu imaginación —respondió Cecilia mientras comía un bocado de su puré de papa.
—Ah... ¿entonces por qué nos miran? Espérate, te están viendo a ti, ¿verdad? ¿Es por el asunto del video?
Mireya por fin cayó en cuenta.
Cecilia solo asintió levemente con la cabeza.
—Tú come, hay que apurarnos para regresar a los dormitorios —dijo ella, sin tener ninguna intención de que la agarraran de espectáculo de circo.
Mireya aceleró el ritmo para comer, aprovechando para quejarse.
—Yo antes pensaba que la comida de la cafetería estaba pasable, pero después de probar lo que te mandaron ayer de tu casa, esto sabe a comida para cerdos.
—¿De qué video hablan? No tengo ni idea de a qué se refieren.
Jorge, que era un fiel admirador de Sabrina.
Al escuchar a Ignacio, frunció el ceño de inmediato:
—¿Seguro que no es Sabrina? Es que, aparte de ella, no se me ocurre nadie más en la facultad con ese nivel de habilidad.
—Sabrina estudia la especialidad clínica y, además, viene de toda una familia de médicos muy prestigiosos con amplio conocimiento de medicina alternativa.
Ignacio suspiró con resignación:
—No dudo que sea muy buena, pero de verdad no es la persona que busco.
Sabrina miró a su compañero:
—Jorge, el joven ya te dijo que no es a mí a quien busca, no hagas un alboroto de la nada.
—¿El video que mencionan es el de ayer en la tarde? ¿Ese donde alguien salvó a una persona usando los puros cubiertos?
—Ese mero. La señora a la que ayudaron en ese video es mi mamá —aclaró Ignacio.

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