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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 925

Estella se había adelantado incluso a Cecilia; se levantó a las cinco y media.

En cuanto se levantó, se fue a leer afuera para no hacer ruido y molestar a sus compañeras.

Regresó justo cuando sonaron los altavoces.

Cecilia ya estaba arreglada, pero Macarena y Mireya seguían perdiendo el tiempo sin levantarse.

Mireya, por lo menos, ya se estaba vistiendo, aunque con los ojos cerrados.

Pero Macarena era un caso perdido; seguía sepultada bajo las cobijas.

—¡Maca, si no te levantas ya, vas a llegar tarde!

Cecilia no pudo evitar advertirle.

Macarena se tapó los oídos con desesperación:

—¡No oigo, no oigo! No quiero ir a ese campamento de inducción.

—¿De verdad no vas? —A Cecilia le daba pendiente que algún instructor viniera a sacarla del cuarto.

—Creo que no me queda de otra. —Macarena suspiró ahogadamente debajo de la sábana—. De haber sabido, le habría pedido a mi mamá que me consiguiera un justificante médico.

—Estás sana como un roble, ¿cómo iban a darte un justificante? —preguntó Cecilia al azar.

Macarena rio con complicidad:

—Tengo mis trucos bajo la manga.

—Pero, a ver Ceci, ¿a poco con solo verme ya sabes que estoy perfectamente sana?

—Oye, ¿los que estudian medicina tradicional saben adivinar cosas con solo mirar a alguien?

—Como eres tan buena en eso, ¿no me podrías dar un piquete con una aguja, como en las series, para que me deje la cara pálida al instante y parezca enferma?

—Y que la gente normal no pueda descubrir el truco.

Macarena en verdad deseaba que Cecilia le diera un pinchazo.

Así podría zafarse del campamento de inducción.

—Poder se puede... —Cecilia realmente era capaz de poner una aguja así.

—¡No manches! ¿De verdad podrías? —Macarena no podía creerlo—. Lo dije de broma.

¿En serio la medicina tradicional era tan impresionante?

¿Acaso lo que salía en las series no era puro invento?

—Sí, pero no te voy a ayudar a hacer trampa.

Cecilia soltó una leve sonrisa:

—Las agujas de los médicos no se usan para esas tonterías.

Macarena sintió un miedo inexplicable:

Mientras estaban sentadas comiendo, alguien se les quedó viendo.

—Compañera, ¿tú eres esa estudiante de medicina súper guapa del video?

Alguien que pasaba se detuvo para preguntarle a Cecilia y le enseñó en su teléfono el clip que se había viralizado el día anterior.

La chica no estaba del todo segura, pero veía un parecido enorme entre Cecilia y la chava del video.

—No soy yo. Te equivocaste.

—Soy de primer ingreso, la chava del video se nota que ya tiene muchísima experiencia.

Cecilia mintió sin parpadear.

—Tienes razón —pensó la chica. A fin de cuentas, nadie se tragaría que la chava del video apenas iba entrando a la uni.

—Perdón eh, una disculpa por interrumpirlas.

Cecilia sonrió:

—No te preocupes.

Con eso, nadie más volvió a acercarse a preguntarle nada en todo el rato.

—¿Por qué no quisiste aceptar que eras tú? —A Estella le costaba trabajo entenderlo.

Sin embargo, Cecilia siempre había mantenido un perfil muy bajo, así que tampoco era tan raro que lo negara.

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