El truco era demasiado obvio.
Cecilia, Martina y Raquel, que acababan de salir juntas del comedor, jamás imaginaron encontrarse con semejante escena.
Con el espíritu chismoso a flor de piel, las tres se escondieron sincronizadamente a un lado.
Casualmente había una gran jardinera de concreto que las cubría a la perfección, permitiéndoles observar sin ser descubiertas.
Valentín, viendo cómo Isabella se desplomaba hacia él, simplemente dio un paso a un lado para esquivarla.
—¡Ay! —gritó Isabella. Jamás esperó que él no fuera a sostenerla.
¡Ella solo quería crear un momento romántico!
¿Por qué no podía ceder ni una sola vez?
—Uf, qué cerca. Casi me cae encima —murmuró Valentín mientras miraba a Isabella tirada en el suelo.
—Pfff... —Marcela no pudo aguantar más y soltó una carcajada.
¿Desde cuándo el Profe Ortega era tan gracioso?
Totalmente desprevenida y dándose un fuerte golpe contra el pavimento, Isabella escuchó la risa de su amiga y se sintió humillada hasta la médula.
¡No le quedó más remedio que cerrar los ojos con fuerza y fingir que de verdad estaba inconsciente!
—Profe Marcela, ¿qué le pasó a la Profe Núñez? ¿Necesita que llame a una ambulancia? —preguntó Valentín.
Marcela volvió a la realidad con la pregunta de Valentín y recordó que su supuesta amiga seguía tirada en el piso.
Dudó un momento, pero no hizo el intento de levantarla.
Después de todo, ella era de complexión delgada; no estaba segura de poder cargarla sola.
—Yo llamo a emergencias. —Marcela miró a Valentín por puro instinto—. ¿Sería tan amable de ayudarme a levantarla, Profe Ortega?
La respuesta de Valentín fue tajante:
—Mejor esperemos a los paramédicos. En estos casos es peligroso mover al paciente. Si la toco y se lastima más, capaz que hasta me demandan para sacarme dinero.
¿Marcela? ¡Se quedó con la boca abierta!
Tampoco era para tanto. Esbozó una sonrisa forzada y dijo:
—No creo que la Profe Núñez le exija dinero.
Exigirle matrimonio era otra historia.
A ella no le faltaba dinero en absoluto.
—Nunca se sabe. Es mejor evitar cualquier tipo de disputa —respondió él con frialdad—.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana