Raquel no pudo aguantar más y soltó una carcajada nerviosa.
—Este... Cecilia, no andes llamándolo así nomás.
Por muy guapo que fuera el Profe Ortega, no era costumbre en la universidad andar diciéndole "primo" a los profesores como si fueran familia.
*¿En qué época cree que vive? ¡Seguro el Profe Ortega la va a hacer llorar con uno de sus comentarios sarcásticos! ¡Pobre chica!*
Pero, para sorpresa mayúscula de Raquel, el Profe Ortega no se molestó en absoluto.
—¿Qué estaban diciendo de mí hace un momento?
Valentín se sentó tranquilamente en el asiento libre junto a Raquel.
—Compañera, no te molesta si me siento aquí, ¿verdad?
Raquel puso cara de querer llorar.
—Siéntese, no me molesta.
*¡Como si pudiera negarme! ¡Ya estás sentado!*
Definitivamente, los rumores de que el Profe Ortega atacaba emocionalmente a cualquiera sin distinción alguna eran ciertos.
*¡Justo ahora está atacando mi frágil corazón! ¡No quiero estar sentada junto a él, su presencia es demasiado intimidante, auxilio!*
—Nada malo, solo debatíamos quién es más guapo, si tú o Agustín Sandoval.
Cecilia ni se inmutó. No mostró la más mínima señal de pánico por haber sido atrapada in fraganti.
Al fin y al cabo, no había dicho nada malo. *¿O sí dije algo malo?*
Ante la mirada atenta de Valentín, Cecilia empezó a dudar de sus propias palabras.
—¿Y cuál fue tu veredicto? —Valentín sonrió al ver que su prima no mostraba culpa alguna.
Nada mal. Tenía una excelente fortaleza mental.
—¡Pues dije que, obviamente, el Profe Ortega es muchísimo más guapo!
Dejó de llamarlo "primo". No sabía si ese pequeño desliz de hace un momento levantaría sospechas.
Antes, cuando Valentín la escuchó llamarlo "primo" tan naturalmente, creyó que por fin había aceptado la cercanía familiar.
Pero ahora que volvía al "Profe Ortega", decidió seguirle la corriente en su pequeña actuación.
—¿Ah, sí?
Valentín supo al instante que le estaba mintiendo.
Eso no fue en absoluto lo que Cecilia había dicho un minuto antes.
—Qué curioso, juraría haber escuchado a cierta persona decir que "cada uno tenía lo suyo".
Al verse acorralada, Cecilia dejó de luchar.

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