La forma en que Cecilia se defendió sonó casi como si estuviera intentando ocultar algo.
Entonces Sabrina recordó que Cecilia había pasado por el drama de las identidades cambiadas y que hacía poco había regresado con su verdadera familia biológica.
Así que esa teoría no tenía ningún sentido.
Soltó una risa un poco incómoda.
—Ay, solo lo decía por decir.
—Si ya terminaste tus compras, creo que deberíamos irnos —sugirió Cecilia rápidamente, aliviada de que Sabrina dejara de insistirle con la ropa.
Sabrina se dio cuenta de que de verdad no tenía intención de comprar nada.
Y era lógico. Si su propio vestidor estaba así de abarrotado, entrar a una tienda solo le causaría fatiga visual.
—Claro, vamos a dar una vuelta por otro lado.
Al final, tras la intensa insistencia de Sabrina, Cecilia accedió a dejarse comprar un labial.
No era algo excesivamente costoso, así que lo aceptó sin sentir ningún tipo de compromiso moral.
Y Sabrina estaba feliz porque al fin había logrado darle un regalo.
Aunque no sabía si a Cecilia le emocionaba, ese tono de labial definitivamente le quedaría espectacular.
Cuando por fin terminaron su recorrido y salieron del centro comercial, el auto de Agustín ya estaba estacionado afuera, esperándolas.
Al verlo, Cecilia se despidió de su nueva acompañante.
—Sabrina, Agustín ya llegó por mí, así que me voy adelantando.
Sabrina se quedó un poco descolocada. ¿Un hombre con el poder del señor Sandoval actuaba como chofer personal cuando estaba enamorado?
Le parecía que eso no encajaba para nada con su estatus.
Las pocas veces que Sabrina lo había visto de lejos, siempre proyectaba un aura fría e inalcanzable.
Pero ahora parecía haber bajado de su pedestal para ser un simple mortal.
—Claro, con cuidado —respondió Sabrina, demostrando que no era de las que se aferraban a lo imposible.
Ya que había decidido que Cecilia sería su amiga, tenía que aplicarse la regla de oro: el prometido de una amiga es terreno prohibido.
Así que, al ver a Agustín esta vez, hizo como si fuera invisible, suprimiendo por completo cualquier impulso romántico que alguna vez tuvo por él.
Total, había miles de hombres en el mundo. Perder a uno no era el fin del mundo.
Y si al final su familia le arreglaba a alguien, tampoco estaría tan mal.
Aún estaba en la universidad, le faltaba mucho para pensar en casarse. Podía tomarse su tiempo para elegir con calma.

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