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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1449

Las dos amigas cruzaron miradas, con una enorme sonrisa en el rostro. Haber recibido un trato tan especial y personalizado por parte de su profesor las hizo salir de la oficina con los ánimos por las nubes.

Mientras caminaban por el pasillo, el trío de chicas que solía criticarlas se quedó perplejo. ¿Qué estaba pasando? ¿No se suponía que las habían llamado a la oficina para darles una regañada monumental? ¿Por qué salían de ahí con caras de felicidad absoluta?

—Oye, Marti, ¿está todo bien? —se atrevió a preguntar Carla, quien era la más impulsiva de las tres. Aunque había una clara división en la clase, Martina al menos compartía habitación con ellas, y si bien solo pasaba tiempo con Cecilia, no habían llegado a pelearse abiertamente.

—Todo bien. El profe Olivares solo se preocupa por nosotras —respondió Martina, dejando el comentario en el aire.

Regina y Teresa asumieron de inmediato que el profesor las había reprendido severamente y que Martina solo intentaba salvar las apariencias. Esa idea les dio cierta satisfacción.

En la facultad solo había cinco mujeres. En teoría, deberían apoyarse entre ellas, pero el grupo ya estaba fracturado en dos bandos. Por un lado, Cecilia y Martina; por el otro, Carla, Regina y Teresa, quienes rara vez comían o estudiaban con ellas.

Esta dinámica de pequeños grupos generaba cierta tensión. Teresa, Regina y Carla veían a Cecilia y Martina casi como rivales, y eran las responsables de propagar la mayoría de los rumores en su contra. Que ahora pudieran siquiera cruzar dos palabras sin soltar chispas ya era un milagro.

—Menos mal que el profe Olivares es comprensivo y no les impuso ningún castigo —comentó Carla con ingenuidad. En el fondo, sentía que, al ser atrapadas hablando en clase, debieron haber sido puestas como ejemplo frente a todos. Le parecía injusto que el profesor les hubiera guardado las apariencias llamándolas a solas. ¿Por qué Martina se veía tan contenta sin haber recibido su merecido castigo?

—Oh, claro que nos castigó —intervino Cecilia, decidiendo hablarle directamente a Carla, algo que rara vez hacía—. Nos dio una lista larguísima de libros que tenemos que aprendernos de memoria. Y el profe nos hará exámenes sorpresa para comprobarlo.

Los ojos de Carla se abrieron de par en par. ¿De verdad? ¡Eso sonaba como un castigo brutal!

Teresa, al escuchar esto, sintió una oleada de regocijo en su interior, aunque por fuera mantuvo una sonrisa hipócrita.

—Bueno, Cecilia, piénsalo así: el profe Olivares lo hace por su bien. Al final, todo ese conocimiento se quedará en sus cabezas.

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