La tía Wilma quiso decir algo, pero se contuvo.
*¡Vaya que los hombres de la familia Ortiz estaban llenos de confianza!*
Al ver la expresión de su esposa, el tío Thiago se sintió confundido.
—¿Qué pasa? ¿Dije algo malo?
La tía Wilma soltó un suspiro.
—No, eres muy guapo, ¡todo lo que dices está bien!
El tío Thiago se puso rojo como un tomate.
Ay, Dios, llevaban tantos años de casados, ¿por qué le decía esas cosas de repente?
Y con su hijo enfrente... Qué vergüenza.
Rayan no pudo evitar soltar una carcajada.
Sus padres eran personas de campo, sencillas y trabajadoras, pero compartían un amor puro y sincero.
Ese era el tipo de amor que Rayan había anhelado en el pasado.
Pero ahora, ni siquiera se atrevía a soñar con ello.
Después de haber visto tanto mundo, sabía que los sentimientos más verdaderos eran los más difíciles de encontrar.
—Bueno, tu madre no se meterá más en tu vida amorosa.
—Pero tienes que prometernos que solucionarás tu situación sentimental en los próximos tres años.
—Y si no puedes, al menos déjanos un nieto.
Aunque el tío Thiago había crecido bajo la tutela y enseñanzas de la tía Lorena, de todos sus hermanos, él era el de mentalidad más conservadora.
Y también el más noble y leal.
Por eso fue él quien se quedó cuidando la villa.
La tía Lorena era la matriarca de la familia, y el tío Thiago era el líder del pueblo.
Después de la tía Lorena, su palabra era la que más pesaba allí.
Aunque era tradicional, obedecía fielmente a su tía.
Como ella no había dado ninguna instrucción sobre el matrimonio de Rayan, él decidió manejarlo a su manera.
Al fin y al cabo, era su propio hijo. Jamás haría algo para perjudicarlo, ¿verdad?
—Trato hecho —respondió Rayan, pensando que arrastrar el tema tres años ya era ganancia.
—El tío Raúl se casó hasta ahora y ya va a tener un hijo. De hecho, papá, mamá, ¿no podrían extender esos tres años a unos diez?
Rayan sonrió con actitud relajada.

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