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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1259

—¿No se supone que los vestidos de la línea exclusiva de SUNNY no se pueden alquilar, solo comprar?

Al ver que todavía tenía el descaro de mentir en su cara, Cecilia decidió destrozar su fachada por completo.

Su amiga Macarena había soportado incontables jugarretas de esta mosquita muerta desde la infancia.

Hoy haría su buena obra del día ayudando a la novia a cobrarse su venganza.

—¿Tú cómo sabes eso? —soltó Gina sin pensar.

Al segundo de decirlo, se arrepintió.

No debió perder el control tan fácilmente.

¡Cecilia solo la estaba poniendo a prueba!

Germán miró a Gina; la veía soltar una mentira tras otra con tanta facilidad que casi sentía que no la conocía.

Gina notó la mirada de Germán y se apresuró a explicarse.

—Conozco a la representante de la tienda SUNNY, ella me hizo el favor de prestármelo.

—¿Conoces a la representante de SUNNY? —Cecilia frunció el ceño—. ¿A la encargada de la sucursal aquí en Viento Claro?

Convencida de que era imposible que Cecilia también la conociera, Gina recuperó un poco de confianza.

—Sí, a ella.

Cecilia la miró con una sonrisa cargada de sarcasmo:

—¿Ah, sí? Entonces me parece que esa representante va a ser despedida muy pronto.

—No importa cuál sea la excusa, las reglas de SUNNY no se rompen por nadie.

La sonrisa en el rostro de Gina se congeló:

—Me parece que te estás metiendo en asuntos que no te importan.

¿Ah, sí?

Cecilia sacó su teléfono y llamó directamente a Jenny.

Le pidió a Jenny que contactara a la encargada de la sucursal de Viento Claro.

Para confirmar si realmente le habían alquilado o prestado ese vestido a alguien.

Al principio, Gina pensó que Cecilia solo estaba fanfarroneando.

Pero cuando se enteró de que la persona a la que estaba llamando era Jenny, la directora general de la marca SUNNY, se quedó de piedra.

Para rematar, la respuesta no tardó en llegar: desenmascararon la mentira en el acto, confirmando que Gina había comprado el vestido personalmente en la tienda a precio completo.

La expresión de Gina en ese momento era tan patética que ni siquiera la palabra "llorar" le hacía justicia.

Para Germán, cualquier mínima esperanza que aún guardaba en su corazón terminó de morir.

Capítulo 1259 1

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