Aunque el abuelo Viriato ya no pensaba en emparejar a su nieto mayor con Cecilia, quería asegurarse de que ella supiera que él no había exagerado en absoluto.
¡Ese terco de Esteban ya no tendría motivos para vigilarla como si él fuera un lobo feroz!
Cecilia no tenía ni idea de que el abuelo Viriato seguía comportándose como un niño compitiendo por ganar una discusión.
Que sintiera la necesidad de aclarar algo así la tomó por sorpresa.
Solo pudo responder con una sonrisa amable:
—Así es, abuelo Viriato, no me mintió. Tristán es un joven excepcional y hace una pareja perfecta con Maca.
Viriato rio un poco apenado:
—Bueno... vaya casualidad que tú y Maca hayan resultado ser compañeras de cuarto.
—Nunca imaginé que Tristán y Maca estuvieran destinados a estar juntos...
Antes de que pudiera terminar de justificarse, Cecilia ya había entendido a dónde quería llegar.
Ella sonrió:
—De esto se trata el destino, ¿no cree?
El abuelo Viriato también captó la intención de Cecilia y su sonrisa se ensanchó:
—¡Exacto, exacto, puro destino!
Todo era culpa de su nieto menor por portarse como un tonto, costándole la soltería a su nieto mayor.
Pero una familia como los González sin duda sería un gran respaldo para Tristán.
Viriato ciertamente no se oponía.
Su único lamento era por Cecilia, preguntándose qué afortunada familia se la llevaría.
—¿Ustedes se conocen?
Beatriz Pérez se unió a la conversación sin que se dieran cuenta.
—Sí, nos conocimos en el parque.
Viriato le relató la historia de cómo la conoció. Al enterarse de que era la nieta del hombre con el que jugaba al ajedrez por aburrimiento, a Beatriz no le pareció nada extraño.
Viriato siempre hacía ese tipo de cosas, ya estaba acostumbrada.
Sin embargo, rara vez se veía a una chica tan hermosa como Cecilia.
Además de ser compañera de cuarto de Maca y estudiante de la Universidad de Viento Claro; la joven era verdaderamente excepcional.
—Hermosa e inteligente, no me sorprende que el viejo Viriato quisiera secuestrarte para convertirte en nuestra nieta política.
Beatriz tenía el cabello canoso, llevaba unos elegantes anteojos y su presencia destilaba distinción, combinando calidez con una pizca de autoridad.

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