¿El padre de Marcelo?
¡Se sentía miserable!
Aunque él también fue un joven de buena vida en su momento, por lo menos había experimentado ciertas dificultades en la vida.
Por eso, el padre de Marcelo tenía sus límites.
El problema era su esposa, que consentía demasiado a ese hijo menor.
Marcelo había empezado a meterse en problemas desde que era adolescente, y el anciano en verdad había sugerido enviarlo a una escuela militar para que lo enderezaran.
Pero, ¿cómo iba a permitirlo la madre de Marcelo?
Lloró y suplicó a los cuatro vientos, como si su suegro quisiera arruinarle la vida al chico en vez de ayudarlo.
Como la madre se negaba rotundamente, Fernando no tuvo más remedio que dejar que el chico se quedara.
Pero esa vez, le dio tal paliza a Marcelo que terminó en el hospital durante un mes.
Seguramente, su hijo y su nuera le guardaban rencor por aquello, así que Fernando no pudo obligarlos a enviar a su nieto lejos.
Al dejarlo a la deriva, el nieto menor se volvió cada vez más insoportable.
En este mundo no se puede dar marcha atrás al tiempo; de nada le servía a Fernando arrepentirse ahora.
—Si están dispuestos a hacerme caso esta vez, tengan un poco de carácter: hagan que se case con la hija de la familia Tovar y mándenlo a trabajar al sur.
El hijo dudó al instante:
—Papá, el sur es muy apartado, las condiciones son duras...
—¿Acaso crees que tu hijo va a ir de vacaciones?
—Debería dar gracias a Dios si esa chica Tovar acepta casarse con él.
—Si no fuera por Marcelo, ella ni loca se iría al sur.
—Si no me haces caso, cuando yo me muera, te garantizo que tu hijo terminará pudriéndose en la cárcel.
En esa ciudad siempre habría alguien encubriendo las tonterías de Marcelo, así que era mejor buscarle una esposa de carácter fuerte que lo mantuviera a raya.
A ver si con eso se atrevía a seguir con sus desastres.
—No, no es que quiera que Marcelo tenga una vida fácil, pero casarse con la hija de la familia Tovar... seguro que no va a querer.
Para empezar, la chica Tovar ya se había casado una vez.
Y con su apariencia tosca y poco femenina, en verdad no hacía buena pareja con su hijo.
Aunque su hijo era un sinvergüenza de lo peor, al menos era bien parecido.
—El futuro que tengo planeado para él está con la familia Tovar.
—Si no lo acepta, no te preocupes más por lo que le pase.
—Pero si realmente se casa con esa chica, en el futuro podría convertirse en un apoyo para ti.
—Tu tío Marcelo no es completamente inútil.
—Al menos tiene buena cara.
—...Bisabuelo, haré lo que usted diga. —respondió Roberto.
El anciano en el fondo seguía queriendo a su nieto menor.
Había oído hablar de la familia Tovar; en el pasado, estaban al mismo nivel que los Calvo.
Pero a diferencia de la familia Calvo, que carecía de herederos competentes, la familia Tovar tenía varios jóvenes muy prometedores.
El único detalle era que las mujeres de la familia Tovar no eran precisamente agraciadas.
Era como si el anciano estuviera vendiendo a su nieto a la familia Tovar.
¿Qué más podía decir al respecto?

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