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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1061

—Keira, ¿de verdad tienes que llevar las cosas a este extremo? —Nil frunció el ceño, mirándola con evidente disgusto.

—No deberías involucrar a gente inocente.

Keira hizo oídos sordos.

—Solo tienes que decir a quién eliges.

La paciencia de Nil se agotó.

—¡Si quieres terminar, terminamos! ¡Pero no te arrepientas!

Aunque no lo dijo directamente, ¿no significaba eso que había elegido a Gina?

Los curiosos que observaban la escena sintieron lástima por Keira.

La propia Keira tenía el rostro descompuesto.

—¡Bien, muy bien! —Las lágrimas le rodaban por las mejillas.

Señaló a los dos con rabia.

—Se están burlando de mí en mi cara, ¿verdad?

—¡Me la van a pagar!

—Algún día, me voy a vengar de ustedes.

—Nil, ¿de verdad crees que le gustas a Gina?

—¡A Gina quien le gusta es Agustín!

¿Agustín?

Cecilia, que estaba a un lado, miró a Gina con una media sonrisa.

Si el chisme venía de su mejor amiga, tenía que ser verdad, ¿no?

—Keira, siempre te he considerado mi mejor amiga, ¿cómo puedes inventar algo así?

—Sé que me odias por lo de Nil, pero él y yo solo somos amigos.

Keira soltó una carcajada amarga.

—¡Tú y yo sabemos muy bien que no estoy inventando nada!

—Gina, y pensar que antes creía que eras una gran persona, que solo alguien como Agustín era digno de ti.

—Pero ahora veo que yo estaba ciega.

—Una mujer como tú, que le da alas a medio mundo, ¿cómo va a merecer a alguien como Agustín?

—¡No le llegas ni a los talones a Cecilia!

Keira señaló a Cecilia con sus palabras.

Cecilia terminó salpicada sin deberla ni temerla.

Sin embargo, hablando de apariencia, Cecilia era, por mucho, más bonita que Gina.

Al lado de Cecilia y Macarena, siendo amables, Gina era «linda»; siendo realistas, era bastante desabrida.

No es que fuera fea, pero ese estilo de mosquita muerta e indefensa no era del gusto de todos.

—¿Acaso es un delito que me guste?

—Es un hombre increíble y a muchas les gusta. No tiene nada de malo, ¿verdad?

Gina levantó la barbilla con altivez.

—Me gusta el señor Sandoval, ¿y qué?

Agustín llegó justo a tiempo para escuchar esa última frase.

Fingió no haber oído nada y se dirigió directamente hacia Cecilia.

Pero Gina se interpuso en su camino.

—Señor Sandoval, me gustas.

Agustín miró a la chica que le bloqueaba el paso.

—Lo siento, tú a mí no.

—¿Te acuerdas de mí? La otra vez nosotros...

Gina intentó justificarse.

Lástima que Agustín la interrumpió antes de que pudiera terminar.

—No te conozco. Hazte a un lado —dijo Agustín, frío e implacable.

Gina palideció al instante.

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