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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1059

El rostro de Gina palideció y se apresuró a defenderse, fingiendo indignación.

—No quise decir eso.

—Señorita Ortiz, cuando las familias no están al mismo nivel, forzar una relación solo trae infelicidad.

—Si no me crees, pregúntale a cualquiera aquí. En nuestro círculo, la familia lo es todo al momento de elegir pareja.

—Sé que eres muy bonita, señorita Ortiz, pero...

—En fin, si no quieres escuchar consejos, qué pena. Te deseo suerte.

Gina puso cara de mártir, como si fuera una buena samaritana incomprendida.

Si alguien no supiera que se moría de ganas por atrapar a Agustín, hasta se creería que era un ángel.

—Ah, claro. ¿Entonces te atreverías a jurar que, aunque te quedes soltera toda la vida, jamás vas a ponerle el ojo a Agustín?

Cecilia le lanzó esa pregunta con una sonrisa encantadora, dejando a Gina acorralada.

¿Cómo iba a atreverse a jurar algo así?

¡Si Agustín le encantaba!

—Señorita Ortiz, te estás pasando de la raya —intervino una de las amigas de Gina al verla en aprietos.

Cecilia volteó a ver a Macarena.

Ni siquiera conocía a esas chicas, y la verdad, ponerse a pelear con ellas le daba muchísima pereza.

Macarena no perdió el tiempo y apuntó sus armas hacia la defensora.

—Keira, ¿y quién te dio vela en este entierro para que andes de metiche?

La chica llamada Keira se puso roja del coraje.

¡Macarena acababa de llamarla perra frente a todos!

—¡Macarena! No te creas la gran cosa solo por ser una González. ¿Tus papás saben que tienes esa boca de carretonera?

—¿Y qué si lo saben? —Macarena hizo una mueca de desdén—. ¿Crees que me van a regañar por defender a una intrusa?

—¿Acaso Gina te lavó el cerebro o qué?

¿Keira?

¿Gina?

Ninguna de las dos esperaba que Macarena fuera tan directa y agresiva.

—Defiendes tanto a tu amiguita Gina... Me imagino que sí sabes que al chavo que te gusta en realidad le gusta ella, ¿verdad?

—¿Qué? —Keira se quedó helada.

De verdad no lo sabía.

Así Gina ya no tendría que sentirse incómoda. A sus ojos, la chica que amaba era un ángel por cederle su lugar a una amiga.

Nil desvió la mirada, evitando los ojos de Keira, y buscó a Gina.

—Nil, ¿es en serio? ¿Te gusta Gina? —Keira no lo podía creer.

¡Le costaba procesar que el hombre con el que llevaba dos años de relación estuviera enamorado de su mejor amiga!

¿Por qué le hacían esto?

—Deja de hacer berrinches aquí —le espetó Nil, que ya no la soportaba.

Al verla hacer un escándalo frente a todos y dejar en ridículo a Gina, su expresión se endureció.

—Gina es tu mejor amiga, ¿tan envidiosa eres que no soportas verla brillar?

¡Pfft!

Cecilia y Macarena no pudieron contener la risa.

¿Qué clase de excusa tan patética era esa?

¿La estabas engañando en su cara y todavía te ofendías porque te reclamaba?

¿Qué tenía que ver la envidia en esto?

¡Estaban en pleno siglo veintiuno! ¿Acaso Nil se creía un sultán con derecho a tener esposa oficial y amante?

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