Ronan caminó hacia la pareja; tenía que averiguar qué estaba pasando.
—¿Por qué nos sigues a escondidas? —preguntó Agustín.
Ronan iba detrás de ellos, creyendo que era muy sigiloso.
Quién iba a decir que lo descubrirían tan rápido.
Al principio, Agustín ni siquiera quería evidenciarlo.
Pero el chico llevaba un buen rato merodeando y ya lo había colmado la paciencia.
—Solo tenía curiosidad. ¿De dónde te robaste a esta pobre muchacha? —Ronan soltó una risita.
Cecilia se quedó a un lado, observándolo. Ronan era un tipo completamente distinto a Agustín.
No era tan guapo como él, pero parecía bastante divertido.
Quizás por venir de una familia acomodada, irradiaba un aire de pereza y despreocupación.
Sin embargo, el brillo astuto de sus ojos delataba que no tenía ni un pelo de tonto.
Esos chicos de buenas familias estaban muy bien educados.
—Deja de decir tonterías. ¿Tu abuelo no te lo contó?
Era evidente que Ronan venía directamente de hablar con el anciano.
¿De qué otra forma iba a estar actuando tan entrometido?
—El abuelo me acaba de regañar. Me dijo que hasta tú ya tienes novia y yo sigo soltero.
—Justo venía a reclamarte —continuó Ronan—. Habíamos quedado en ser solteros empedernidos de por vida, ¿por qué te echaste para atrás?
Al ver a Ronan haciendo su teatrito, Agustín desvió la mirada, avergonzado de su amigo.
—¿Quién quedó en eso contigo? —Le lanzó una mirada de fastidio.
—Preséntanos, hermano —dijo Ronan, adoptando un tono más serio.
Solo entonces Agustín hizo las presentaciones oficiales.
—Cecilia, mi prometida. Por ahora es un secreto, así que no lo andes divulgando.
—Él es Ronan, un amigo de la infancia.
A Cecilia no le sorprendió que Ronan fuera amigo de Agustín.
Pero a Ronan sí que le tomó por sorpresa la identidad de la chica.
Había dado por hecho que solo era una novia casual que Agustín se había conseguido.
Como le gustaba, la había llevado al evento.
Ronan miró a Agustín de reojo: si alguien tan excepcional como él estaba bajo evaluación, ¿quién diablos era esta chica?
—¿Acaso no es mejor que sea una elección mutua para tener más opciones? —respondió Cecilia con una sonrisa—.
—Aún soy joven, acabo de entrar a la universidad. Todavía me falta conocer a mucha gente.
—Agustín es muy guapo y seguro le sobran mujeres que lo persigan. Si en una de esas no resiste la tentación...
Aunque no lo dijo directamente, ese era exactamente el acuerdo entre las dos familias.
—... Escuchándote hablar, la verdad es que este compromiso no suena nada seguro —comentó Ronan.
¿Estaban listos para cancelar la boda en cualquier momento?
Para Ronan, Agustín ya era el hombre más sobresaliente de su generación.
Ni de chiste creía que una muchachita como Cecilia se fuera a fijar en otro después de estar con Agustín.
Y por el lado de Agustín, había aún menos de qué preocuparse.
Si él no pudiera resistir las tentaciones, ya tendría una docena de hijos regados por ahí.
¡Quién sabe cuántas mujeres se le habían ofrecido en bandeja de plata!
—Claro que es seguro. ¿Cómo no va a serlo si este compromiso viene arreglado desde la generación de nuestros padres? —bromeó Cecilia.

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