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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1055

—¿Y a esta jovencita? Nunca la había visto —dijo Youssef Merino, evaluando a Cecilia de pies a cabeza.

Tenía una mirada sincera y unos rasgos muy bonitos.

Era perfectamente normal que a Agustín le llamara la atención.

—Por eso mismo se la traje, para que la conozca.

Agustín fue directo, sin ocultar nada.

Youssef, obviamente, entendió a la perfección lo que insinuaba.

Le estaba dejando en claro que no le interesaba su nieta.

La pobre de Flora era una buena niña en todo aspecto, pero era demasiado recatada y hasta un poco aburrida.

Si él no le ayudaba a buscar un buen marido, la iban a hacer pedazos en el futuro.

Agustín era un hombre de principios, sin ningún tipo de escándalo o vicio. Incluso si no hubiera amor entre él y Flora, la trataría con el respeto y la decencia que merecía.

Flora era una muchacha entrañable que solo inspiraba cariño.

Sin embargo, sus padres siempre habían mostrado favoritismo hacia los otros hijos.

Si él no interfería en su futuro, seguramente terminarían vendiéndola al mejor postor a cambio de alianzas empresariales.

Lástima que el joven al que él tanto admiraba, también se dejara llevar por el físico.

Es verdad que esta chica era más bonita que Flora.

Pero, en esta época, una cara bonita no llenaba el estómago ni aseguraba el éxito.

Y viendo que Agustín ni siquiera mencionaba de qué familia provenía, lo más seguro es que la muchacha no tuviera un trasfondo importante.

Agustín aún era muy joven y no comprendía que, tratándose del matrimonio, lo mejor era buscar a alguien del mismo nivel social.

De cualquier modo, no le correspondía a él darle sermones.

—Te ves bastante joven, muchacha.

Cecilia había captado las intenciones de Agustín y decidió seguirle el juego a la perfección.

Con una dulce sonrisa, respondió:

—Buenas noches, Don Youssef.

—Apenas entré a la universidad, así que sí, soy un par de años menor que Agustín.

¡Apenas en la universidad!

Y el hecho de que lo llamara por su nombre de pila dejaba muy claro que a Agustín realmente le gustaba la niña.

Youssef le dirigió a Agustín una mirada llena de intenciones ocultas.

—Bueno, Agustín sí te lleva bastantes años de diferencia.

—Al santito que tiene justo enfrente, para ser exactos. —Agustín le siguió el juego con naturalidad.

—¿A ella? —Youssef no se lo podía creer.

¿Le estaba diciendo en serio que una jovencita como ella había sido el «milagro» que curó las reumas del viejo Ezequiel?

—No la juzgue por su edad, es alumna del mismísimo Rodrigo Serrano.

Tal vez el nombre de Rodrigo Serrano pasaría desapercibido para la mayoría, pero Youssef, después de buscar ayuda médica por tantos años, lo conocía perfectamente.

Sabía que los antepasados de Rodrigo habían sido médicos de la élite en la antigüedad y que poseían una receta infalible contra el reumatismo.

—¿De verdad es alumna del señor Serrano?

Era una noticia asombrosa.

—¿Cómo lograron dar con él?

Él mismo había tratado de contactar a Rodrigo antes y había fracasado.

Estaba claro que los contactos de la familia Sandoval no debían tomarse a la ligera.

—Fue una obra del destino, la verdad. —Agustín le platicó cómo su abuelo, al sufrir de insomnio, había viajado a Villa Solana para comprar una almohada especial de madera de agar.

—Vaya coincidencia.

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