Entrar Via

Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1010

Macarena se había arreglado de forma espectacular. Mireya, que tenía un estilo más tierno, decidió que no quería robarse la atención y se puso algo más casual.

Aunque, siendo sinceros, por más que se arreglara, no le iba a opacar el brillo a Cecilia.

Aún frente a Macarena, que sí le echaba bastantes ganas a sus atuendos, Cecilia seguía resaltando deslumbrantemente.

—Al andar con un par de guapas como ustedes, siento que sí debí arreglarme mejor —suspiró Mireya.

Eso de preocuparse por «robar cámara» había sido pura falsa modestia, porque en realidad era una humillación en toda regla.

—Tú también estás preciosa —la animó Cecilia con toda sinceridad.

Mireya no era del tipo supermodelo, pero tenía cara y ojos redonditos; era adorable y carismática.

—Ser bonita no me sirve de mucho. Junto a ustedes parezco la asistente que les carga las bolsas.

No se daba uno cuenta del abismo hasta que caminaban juntas y le daban un golpe de realidad.

—Ay, no te quejes. Muévete ya, que no podemos hacerlos esperar más —bromeó Cecilia.

Ignacio les había dicho que las esperaría en la puerta de la escuela.

—¡Oye, la que va a paso de tortuga es nuestra princesita! —exclamó Mireya.

Y volteó a ver a la persona que caminaba más despacio.

—No quiero caminar más rápido —dijo Macarena con orgullo—.

Mi ropa no está hecha para correr.

Cecilia negó con la cabeza, sin remedio.

El estilo de Macarena gritaba «niña fresa y elegante»; si caminaba de prisa, iba a arruinar su imagen estética.

—Vamos a cenar con la mamá de un compañero, no a una cita a ciegas —le recriminó Cecilia—. Bien pudiste ponerte algo cómodo.

—¡Para nada! A mí me gusta salir producida —respondió ella—.

Especialmente si es una invitación a cenar. No arreglarse es una falta de respeto hacia la anfitriona.

Macarena tenía su propia manera de ver las cosas y Cecilia no iba a decirle que estaba mal.

—Como te sientas mejor —le dijo; mientras Macarena estuviera cómoda, todo bien.

—¡Niñas, pidan lo que se les antoje! Yo pedí las especialidades de la casa —dijo alegremente—.

No sean tímidas conmigo, ¿eh? Ay, cómo me hubiera gustado tener hijas.

¡Qué lástima que mi hijo me salió tan sangrón y con esa cara de fuchi!

Ignacio ya estaba más que acostumbrado a que su mamá babeara por las hijas ajenas.

Sobre todo cuando estas tres se veían tan guapas y simpáticas.

Durante la comida, Carmen las trató como reinas y las atiborró de tanta comida que todas terminaron con el ombligo de fuera.

—De verdad, si mi chamaco lograra traer a la casa a una nuera tan preciosa como alguna de ustedes... ya podría morir tranquila.

—Señora, Ignacio apenas va entrando a la carrera, no hay prisa por eso —dijo Cecilia, a quien le tembló un poco el labio de la incomodidad.

—¡Ay, mija! Lo que pasa es que hay que agandallar a tiempo, porque allá afuera la competencia está bárbara —bromeó Carmen.

Carmen obviamente sabía que su hijo apenas estaba empezando la carrera; nomás lo decía a ver si es chicle y pega.

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Cecilia: De rechazada a soberana