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Cecilia: De rechazada a soberana romance Capítulo 1005

—Ella no dijo nada, ¡pero alguien la vio subirse al carro de ese güey! —Su compañero sintió que eso ya era prueba suficiente, un caso cerrado.

—No necesariamente, a lo mejor son familiares —Elías simplemente analizaba todas las posibilidades.

Sin embargo, a los ojos de sus compañeros, él era un pobre iluso aferrado a una esperanza muerta.

¡Si ya estaba comprobado y él seguía defendiéndola, era obvio que estaba locamente enamorado de ella!

Elías, sin notar las miradas llenas de lástima que le echaban, simplemente se acostó a dormir.

A la mañana siguiente, en cuanto Elías vio a Cecilia en el salón de clases, le soltó de golpe el rumor de que tenía novio.

Cecilia se quedó un momento sin palabras, hasta que preguntó:

—... ¿Quién dijo eso?

Elías encogió los hombros, confundido:

—No tengo idea. Mis compañeros de cuarto dicen que todo el mundo lo está comentando.

—Si no es tu novio, mejor acláralo —le aconsejó él—.

—Para evitar que el chisme se salga de control.

A Elías le preocupaba que se arruinara la reputación de la chica.

—¿Cómo fue que empezó todo esto? —Cecilia frunció el ceño.

Le había pedido a Enzo que mantuviera un perfil bajo y se había subido a su coche fuera de la escuela.

¿Cómo rayos la habían descubierto?

—No lo sé, dicen que alguien te vio subirte a su coche. —Elías solo repetía lo que escuchó, no se había puesto a investigar.

—Si quieres saber quién fue, tendrías que averiguarlo.

—No me importa. —Cecilia se encogió de hombros.

—¿Entonces sí es tu novio? —Elías no pudo ocultar su sorpresa.

Estaba seguro de que una persona tan entregada al estudio como Cecilia no tendría tiempo para el romance.

Además, ni siquiera parecía que le interesara el amor; se pasaba todo el santo día metida en la biblioteca o en los salones.

¡Casi parecía que estaba en un retiro espiritual!

¿Acaso tener citas también era obligatorio para los genios?

—No, es mi primo. —Cecilia no tenía por qué ocultárselo a Elías.

Después de todo, Enzo no era como Valentín; no estudiaba en la escuela ni se la pasaba ahí metido.

A la mente de Cecilia acudió de pronto la imagen de cierto hombre y asintió:

—Ajá. No voy a tener nada aquí.

En la escuela nunca conocería a alguien tan deslumbrante como él.

Si iba a involucrarse románticamente con alguien, lo haría de vuelta en casa.

—Cierto —razonó Elías—, me imagino que evitar distracciones amorosas mejora bastante la eficiencia en el estudio.

Cecilia lo miró un segundo:

—¿A poco nunca has tenido novia?

Elías la vio boquiabierto:

—¡No me digas que tú sí!

Cecilia se quedó en blanco. La verdad es que ella tampoco había tenido ninguna relación amorosa formal.

—Bueno, puede que nunca haya andado con nadie, pero no vivo debajo de una piedra. Obviamente entiendo cómo funcionan esas cosas —se justificó—.

—Como soy la heredera falsa, antes de irme de la familia Ortiz, hasta estaba comprometida.

Y, hablando de Ramiro Gallegos, ella aún no sabía que, después de comprometerse con otra mujer, él se había vuelto a enredar a escondidas con Delfina.

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