El nombre de la pequeña llegó a oídos del resto de la familia Tamez la noche en que concluyó el funeral. Todos estaban agotados, sentados en el salón en un silencio denso. Con la muerte de su padre, Osvaldo había despedido al último de sus mayores. Sentía como si le hubieran arrancado la columna vertebral, y de repente parecía haber envejecido varios años. Tenía sentido. Mientras sus padres vivían, aún tenía quién lo cobijara de la tormenta. Ahora que se habían ido, él mismo era el refugio.
No importa la edad que uno tenga, la pérdida de un ser querido siempre es aterradora. Ni siquiera él era una excepción.
La casa de los Tamez estaba algo desordenada. El jefe de seguridad quiso que los empleados de servicio limpiaran, pero Osvaldo lo detuvo. Dijo que ellos también habían trabajado mucho y que debían descansar; ya recogerían al día siguiente.
Una vez que los extraños se fueron, y solo quedó la familia, Osvaldo fijó su mirada en Rubén.
—¿Vuelves a Solsepia esta noche?
—Me quedaré un día más. Vuelvo mañana.
Osvaldo asintió.
—¿Ya le avisaste a Beatriz?
—Sí.
—Beatriz acaba de dar a luz, así que cuídala mucho —continuó—. Esta vez… la verdad es que la hemos tratado con injusticia. Hay un apartamento en la zona comercial de Solsepia, pónganlo a su nombre y al de la niña.
Luego, Osvaldo miró a sus otras dos nueras.
—¿Ustedes dos tienen alguna objeción?
Matilde y Serena negaron con la cabeza.
—Ninguna, papá.
Osvaldo miró a Luna, quien asintió en señal de entendimiento.
—¿Ya le pusieron nombre?
—Es un buen nombre.
»Está muy bien. Una digna hija de la familia Tamez.
Mohamed soltó el aire que contenía y sonrió.
—A veces, la inspiración de un instante vale más que mil deliberaciones. El nombre le llegó como una señal del destino, y tiene un significado precioso.
—Así es —coincidió Matilde—. Esa niña tendrá un futuro brillante.
Después, cada uno se retiró a su habitación. Cuando Luna salió de la ducha, encontró a Osvaldo en el escritorio de la habitación, revisando algo. Se acercó a mirar. Estaba ojeando el libro de nombres y bromeó:
—¿Te sientes triste porque Rubén no usó ninguno de los nombres que elegiste?
—La verdad es que no. Ya me imaginaba que no lo haría. Rubén siempre ha sido independiente y difícil de manejar.

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