Solo había tres temporadas disponibles, y se las vieron todas de un tirón. No pararon hasta las diez, cuando Berta entró para decirle a Beatriz que era hora de descansar. Beatriz le suplicó que la dejara un ratito más… y ese ratito se convirtió en una hora y media. Al final, Berta terminó viendo el final de la temporada con ellos.
—¿Se acabó?
—Sí —dijo Luciana, revisando la tableta—. El próximo episodio sale mañana a las ocho de la noche.
—¡Acuérdate de avisarme! —exclamó Berta, quedándose con ganas de más.
Luciana suspiró.
—Ahora mismo me comería un buen corte de carne a la parrilla.
A Beatriz se le iluminaron los ojos al oír eso. Se giró hacia Luciana, a punto de decir algo, pero Berta le dio un manotazo en el brazo a su hija para que dejara de decir tonterías. Luciana se encogió de hombros, entendiendo el mensaje.
Normalmente, a Luciana no la regañarían por querer carne asada; a veces, hasta Edgar la acompañaba y aprovechaban para charlar y tomar algo juntos. El problema era que lo había dicho delante de Beatriz, que estaba en plena cuarentena. Luciana se resignó en silencio. Tendría que aguantarse; no probaría nada de eso hasta que Beatriz terminara su recuperación.
***
Esa noche, la residencia de la familia Tamez permanecía iluminada. El funeral del patriarca fue una ceremonia solemne. Cada detalle, siguiendo antiguas tradiciones familiares, requería de la presencia de alguien. Desde que aterrizó en Maristela, Rubén no tuvo ni un momento para contactar a Beatriz. Cuando por fin tenía un respiro y pensaba en llamarla, veía la hora y se contenía.
Esa noche, mientras fumaba bajo el alero del tejado, Emilio Tamez se le acercó y le dio una palmada en el hombro.
—Has adelgazado mucho. ¿La pequeña da mucha guerra?
—Es muy tranquila —respondió Rubén en voz baja.
—Entonces, ¿la madre es difícil de complacer?
Rubén no contestó. ¿Difícil? No, no lo era. Beatriz era bastante fácil de tratar. Era él quien se preocupaba en exceso.
—Alba Tamez.
Mohamed pareció muy interesado en el nombre. Se enderezó y lo miró.
—Es bonito. ¿Tiene algún significado?
—Simboliza la pureza, un nuevo comienzo y la primera luz del amanecer.
—Maravilloso, maravilloso. Es un nombre precioso, de verdad.
»¿Cuánto tardaste en pensarlo?
—Fue instantáneo —dijo Rubén, fumando mientras su mirada se perdía en la luna creciente. Recordó la angustia que sintió en el vuelo de Maristela a Solsepia. Sentado en el avión, mientras la aeronave ascendía sobre las nubes, vio la luna creciente por la ventanilla y el nombre le vino a la mente. Alba. ¿Cómo podría no ser perfecto? Había considerado decenas, cientos de nombres, pero ninguno le parecía el adecuado. Y en ese instante, en el avión, el nombre que tanto le había costado decidir apareció sin más.

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