Cuando el invierno se adentró con fuerza, la filmación de la película ya estaba por terminar.
Selena acababa de regresar al departamento después de una larga jornada en el set.
La pantalla de su celular se encendió.
Contestó la llamada.
—¿Bueno?
—¡Adivina quién soy!—del otro lado, una voz fingía un tono raro, tratando de sonar misteriosa.
Selena se quedó pensando un instante.
—¿Inés? ¿Inés Rojas?
—¡Eso es! ¡Manita, ya estoy en Río Verde! Acabo de bajar del avión, quería darte una sorpresa—la voz de Inés recuperó su alegría habitual, chispeante y vivaz—. ¡Pásame tu dirección rápido, porque hoy mismo me tienes en tu casa!
—¿Viniste a Río Verde? ¿Por qué no avisaste antes?—Selena estaba entre sorprendida y contenta, y fue a sentarse al sillón—. ¡Así hubiera ido a recogerte!
—¿Y entonces qué gracia tendría la sorpresa? Anda, mándame la dirección por WhatsApp.
Selena no pudo evitar reírse.
—Está bien, ahorita te la mando. Ven directo en taxi, afuera está haciendo un frío que cala.
...
Un poco más de una hora después, el timbre sonó con una insistencia casi desesperada.
Selena corrió a abrir la puerta. Una ráfaga helada entró junto con una figura que se abalanzó al interior.
—¡Sorpresa!—Inés abrió los brazos, la cara encendida de emoción y con la nariz enrojecida por el frío, los ojos brillando como si trajera fuegos artificiales dentro.
—¡Métete ya!—Selena la jaló adentro, riendo.
—¡Ah, caray! ¿A poco ahora la señora Rojas anda haciendo trabajo de campo? ¿Qué asunto tan importante puede mover a la reina en persona? Si tu marido tiene un ejército de ejecutivos, ¿por qué no mandó a uno de ellos?
Inés suspiró, como si cargara el mundo en los hombros.
—Ay, ni me digas. Hay un problema con la inversión de un proyecto del grupo, se puso algo complicado.
—¿Inversión? ¿Está tan grave como para que tengas que venir tú?
—Él no podía dejar lo que tiene allá, pero esto urge. Solo que no sé bien a qué me voy a enfrentar hasta que hable mañana con la persona encargada. Ojalá salga bien, si no, vine hasta acá para nada y me tocará regresar derrotada.
Selena la miró con un poco de inquietud en el pecho. Siempre había visto a Inés como una tormenta imparable, la típica que nunca se deja intimidar por nada. Ahora, sin embargo, notaba una pizca de duda en su expresión.
—¿Y mañana a dónde vas? ¿Con quién te vas a reunir? ¿Necesitas ayuda?—preguntó Selena sin rodeos.
—Con el Grupo Méndez.
Apenas escuchó esas palabras, Katia le lanzó a Selena una mirada llena de significado.

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