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Al Mal Esposo, Darle Prisa romance Capítulo 775

Romeo frunció el ceño y se inclinó hacia adelante, listo para arrebatar el celular de nuevo, pero Esteban saltó del sofá y se apartó rápidamente.

—Irene, ¡algo terrible ha pasado!

Esteban permanecía detrás del sofá, señalando el celular, insinuando que la llamada de Romeo ya estaba en curso.

Romeo mantuvo una expresión tensa, su mirada fija en el celular.

—¡Romeo tiene una enfermedad terminal! —Esteban se tapó la boca, su voz dolorida como si estuviera al borde de las lágrimas—. ¡Solo le quedan tres meses de vida! ¿Podrías perdonarlo?

Una manera tan directa y absurda de tantear el terreno hizo que las venas de la sien de Romeo palpitara con irritación.

Le lanzó a Esteban una mirada que podría helar a cualquiera.

Claro que quería saber la respuesta, pero con Esteban planteando una pregunta tan ridícula, ¿cómo iba a explicar a Irene cuando la mentira se descubriera?

¿Y quién iba a cargar con la culpa? Pues él, obviamente.

Bajo su intensa mirada, Esteban apartó el celular de su oído y mostró la pantalla apagada a Romeo.

—Era broma, yo solo... ¡Ay!

Un chiste inofensivo que hizo que el corazón de Romeo se detuviera por un instante. Antes de que Esteban pudiera terminar su frase, Romeo ya se había levantado, lo había agarrado del cuello de la camisa y lo arrastraba hacia la puerta de la oficina.

—¡Lárgate y no vuelvas a aparecerte por aquí!

El silencio de la oficina se rompió por un grito repentino de enojo.

Las secretarias asomaron curiosas desde sus escritorios, alcanzando a ver solo la espalda de Romeo regresando a su oficina y a Esteban sentado en el suelo.

Gabriel apareció con un documento en la mano y ayudó a Esteban a levantarse.

—Doctor Morales, ¿qué le pasó?

—Nada, solo le hice una broma. —Esteban se sacudió el polvo de la ropa, tratando de aparentar que no era nada—. Hace poco él estaba de rodillas pidiéndome una solución mágica, solo fue una broma.

Gabriel se quedó en silencio.

Era cierto, los amigos del presidente eran todos de mucho orgullo.

Pero él necesitaba saber por qué Romeo estaba tan molesto, para estar preparado y no recibir también su enojo.

Todos sabían que Romeo había vuelto a Alquimia Visual, pero no sabían que no tenía intención de lidiar con los asuntos de la empresa.

Begoña había enviado a Gabriel con documentos infinidad de veces, pero siempre regresaban tal y como habían llegado.

—La señora Sáenz dice que si no se ocupa de los asuntos de la empresa, mejor se quede en casa descansando —dijo Gabriel, transmitiendo fielmente el mensaje de Begoña.

El mensaje era claro: si iban a despojarlo de su cargo, entonces que no hablara de manejar el nuevo proyecto.

Romeo miró los documentos con disgusto antes de ceder.

—Entonces dígales que no se metan en el proyecto nuevo.

—El presidente Castro dice que no se involucrará, que lo deje a su criterio. La señora Sáenz dijo que si no recupera a la señorita Llorente, las pérdidas del nuevo proyecto se cubrirán con sus bienes.

Gabriel era un mensajero eficiente, solo transmitía lo que le correspondía.

Los bienes eran lo último que le preocupaba a Romeo. Ahora lo único que le importaba era Irene.

Esa mujer que solía considerar insignificante, a quien nunca le prestó atención...

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