En aquella ocasión, la Directora Aranda había llegado para una auditoría de rutina en representación del Instituto de Investigación. Pero la arrogancia de Enzo y el teatro barato de la señorita Jimena terminaron por hacerla salir por la puerta indignada.
Como resultado, el contrato exclusivo que ya estaba prácticamente cerrado se canceló de tajo. A partir de ese día, Tecnologías Heraldo pareció estar bajo una maldición: los problemas estallaban uno tras otro sin piedad.
Esa debacle los llevó a la desesperada situación actual, donde tuvieron que ceder su tecnología más valiosa para unirse a Intelectra en una licitación conjunta, solo para no desaparecer del mapa.
Tecnologías Heraldo estaba pendiendo de un hilo. No podían permitirse ni un solo tropiezo más.
Esta auditoría debía salir perfecta. El contrato con el instituto era su única salvación.
Si fallaban y la firma se caía por culpa de Heraldo, ni siquiera tendrían que preocuparse por la quiebra; Intelectra sería la primera en demandarlos por incumplimiento de contrato.
Con ese pensamiento taladrándoles la mente, el equipo de ingenieros y los altos ejecutivos rezaban en silencio para que el día transcurriera sin incidentes.
Enzo y Daniel también estaban tensos, especialmente al ver que Camilo Cortés había decidido asistir en persona.
Confiaban plenamente en su tecnología, sus laboratorios y su línea de producción, pero el estrés flotaba en el aire.
Daniel soltó un suspiro largo, miró de reojo a Camilo, que estaba al otro lado del pasillo, y le susurró a Enzo:
—Ese Camilo es de cuidado. Intelectra estaba a punto de irse a pique hace un par de años. Él llegó de la nada y los levantó de las cenizas. Se dice que trajo una inyección de capital bestial, y que sus patrocinadores vienen directamente de Ciudad del Sur.
Enzo observó a Camilo. Daniel tenía contactos en todas partes; si él lo decía, era prácticamente un hecho.
Había sido Camilo quien buscó a Enzo para proponerle la alianza.
Enzo jamás habría aceptado trabajar con él si no fuera porque la cadena de suministro de Heraldo había colapsado y no había logrado conseguir inversionistas. Heraldo era pionera y dueña de tecnología de punta; Intelectra, en cambio, era conocida por comprar patentes y revenderlas. Eran oportunistas con billeteras gordas.

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