Pero ahora, al contemplar la inmensa mansión y ver a Jimena subir las escaleras, Yolanda solo pudo esbozar una sonrisa amarga en silencio.
Al fin se había dado cuenta de su error, y de lo inmensamente equivocada que había estado.
En realidad, desde el momento en que empezaron a retrasarse con su pago, empezó a sospechar que algo no estaba bien. Pero en aquel entonces aún estaba cómoda con su trabajo y se negaba a marcharse.
Fue mucho después cuando se enteró de la verdad: Gabriela siempre le había pagado su sueldo de su propio bolsillo. Su verdadera empleadora todo el tiempo había sido Gabriela, no Enzo.
Enzo no era más que un hombre que delegaba todo, acostumbrado a que le sirvieran todo en bandeja de plata, y que ignoraba por completo cómo funcionaba su propio hogar.
Esta casa, sin la presencia de Gabriela, se había convertido en un desastre...
Si Gabi siguiera aquí, jamás la habría tratado de esa forma.
Resultaba que Gabriela era la única que siempre la había tratado como parte de la familia. Incluso cuando se divorció, le preguntó si quería irse con ella.
¡Y ella, cegada por completo, había rechazado la oferta!
En ese momento, rodeada por los enormes espacios de la mansión y con una montaña de tareas por delante, Yolanda sintió deseos de llorar, pero ya era tarde.
...
En la sala de observación de la clínica del pueblo, Damián dejó la cena para Gabriela y Rocco sobre la mesa, se excusó diciendo que tenía cosas que hacer y desapareció rápidamente.
Aunque a Gabriela le pareció extraño que tuviera "cosas que hacer" en medio de la nada a esas horas de la noche, tampoco le dio mucha importancia.
Aunque no tenía apetito, sabía que necesitaba recuperar fuerzas, así que tomó los cubiertos.
En ese instante, el hombre a su lado tosió levemente.
Gabriela dejó los cubiertos y volteó a verlo.
—¿Qué pasa?
Rocco señaló la comida con la barbilla, luego se miró el brazo herido y finalmente clavó sus ojos en ella.
Gabriela captó el mensaje de inmediato. Se puso de pie y agarró su celular, dispuesta a llamar a Damián.
—Voy a decirle a Damián que regrese para que te dé de comer.
Rocco se quedó atónito.


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