Damián miró con disimulo a Rocco antes de dirigirse a Gabriela.
—La verdad es que... la última vez que estuvimos en la montaña, después del ridículo espectáculo que armó ese sujeto proponiéndole matrimonio, el jefe me ordenó que pusiera a alguien a vigilarlo. Pero... con todo el alboroto, se me pasó por completo. Por mi culpa, usted casi... de verdad lo siento muchísimo.
En realidad, las órdenes originales de Rocco habían sido que Damián se encargara de Zacarías de manera 'legal y definitiva'.
Pero como Arturo y Diego estaban presentes, no podía dar esos detalles.
Luego, todo fue un caos. Gabriela recibió la noticia de la desaparición de la niña y tuvo que regresar de emergencia a Puerto Serena. Con todos esos contratiempos, a Damián se le olvidó por completo el asunto de Zacarías.
Jamás imaginó que un simple descuido casi le costaría la vida a Gabriela.
¡Dios sabe el terror que sintió cuando el jefe se dio cuenta de que Gabriela y Mila no estaban en el hostal, y al salir a buscarlas, encontraron a la niña corriendo descalza, llorando a gritos!
Escuchar a la pequeña sollozar: '¡Mi mamá está en peligro, un hombre malo la atrapó!', le heló la sangre.
Y cuando confirmaron que el responsable era Zacarías, Damián sintió que se le caía el mundo encima.
Afortunadamente, Gabriela había sido lo suficientemente valiente e inteligente para ganar tiempo contra ese psicópata, y el jefe había llegado en el momento exacto.
Si no, las consecuencias habrían sido inimaginables.
Gabriela no tenía idea de esa historia. Tras lanzar una mirada a Rocco, le respondió a Damián con tono comprensivo.
—No te culpes. Zacarías venía por mí de todas formas. No tiene nada que ver contigo, no necesitas disculparte.

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