Sin embargo, ninguna de estas venganzas era su prioridad en ese instante.
El oficial Cortés sabía perfectamente qué buscaba Gabriela, por lo que continuó:
—Respecto a la familia de Gloria, también han confesado. Afirman que vendieron a su hija biológica para saldar sus deudas.
Al escuchar nuevamente esa cruda verdad, a Gabriela se le encogió el corazón en el pecho.
—Ellos aseguran que no conocían el origen de la bebé —explicó el oficial—. Creían en la versión de Viviana de que era una niña abandonada. Después de que ella se las entregó, nunca más preguntó por la niña, así que simplemente decidieron deshacerse de ella para ganar algo de dinero. Años después, cuando se vieron otra vez ahogados por las deudas, decidieron probar suerte. Le enviaron una foto de su propia hija a Viviana, fingiendo que era la bebé que ella les había dejado, y para su sorpresa, la mujer les envió dinero de inmediato.
—Al ver lo fácil que era estafarla, continuaron usando las fotos de su hija durante años para exprimirle dinero. Y aunque Viviana jamás fue a visitar a la niña, nunca dejó de enviar los cheques. Básicamente, esa familia ha estado viviendo a costa del dinero de Viviana todo este tiempo. Si no hubiera estallado este escándalo, el fraude jamás se habría descubierto, y Viviana habría seguido creyendo que la hija de esa gente era su nieta.
Al recapitular la investigación, el oficial vio cómo el rostro de Gabriela perdía todo su color. Lanzó un profundo suspiro.
—Oficial Cortés... —la voz de Gabriela temblaba—. ¿No hay... ninguna pista sobre el paradero de mi hija?
—Hasta el momento, no... —Por cruel que fuera, debía ser sincero con ella—. Han pasado demasiados años y hay detalles que la familia ya no recuerda con exactitud. Por ahora, solo nos dicen que el hombre que se llevó a su hija respondía al apodo de Rogelio. Dicen que tenía un acento de provincia, pero no saben especificar de dónde. Tampoco conocen su nombre real. El siguiente paso es traer a un dibujante para que elabore un retrato hablado de este tal Rogelio, basándose en la memoria de la familia. Con suerte, esa imagen nos dará algo de luz.
Aunque era buscar una aguja en un pajar, cualquier esperanza era mejor que nada.
El oficial Cortés la miró con empatía.
—Apenas le den el alta, le sugiero que se dirija al laboratorio gubernamental para hacerse una prueba de ADN. Sus datos ingresarán a la base de datos nacional para la búsqueda de menores desaparecidos.
—¡Lo haré! —asintió Gabriela con vehemencia—. Y si logran sacar el retrato hablado de ese tal Rogelio... ¿podrían darme una copia? Yo también quiero buscar por mi cuenta.


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