—¡Por supuesto! —Damián asintió amablemente. Le dio una última mirada a Enzo y ordenó a los guardaespaldas—: Vámonos.
—¡Esperen, Gabriela...! —Enzo intentó seguirlos, pero esta vez fue el oficial Cortés quien le cortó el paso—.
—Oficial, no puedo dejar que ese hombre se la lleve. ¡Tengo que ir a asegurar que esté a salvo!
—Cálmese, señor Jara. Uno de mis hombres ya va con ellos, la señorita estará a salvo —lo detuvo el oficial—. En cambio usted, no puede irse todavía. Tendrá que acompañarnos a la comisaría para seguir colaborando con la investigación.
En ese momento, llegaron las patrullas locales y la casa de Gloria se sumió en un caos absoluto.
Sin otra opción, Enzo se vio obligado a ver cómo Rocco se llevaba a Gabriela, apretando los puños con rabia e impotencia.
Héctor Jara se acercó en ese instante, mirando en la dirección por la que Rocco había desaparecido. Aún consternado, preguntó:
—Enzo, ¿ese hombre era realmente el director de la Corporación Dinastía?
—Sí —admitió Enzo entre dientes.
—¡Realmente era Rocco Salinas! ¡El hijo adoptivo del magnate Bernardo Salinas! —La sorpresa de Héctor era indescriptible—. ¿Desde cuándo conoce Gabriela a ese hombre? ¿Qué tipo de relación tienen? Hasta me pareció escuchar que le dijo Roquito.
La aparición de Rocco había dejado a Héctor completamente descolocado.
Enzo, por su parte, apretó los labios sin decir una sola palabra, pero por dentro era un torbellino de emociones y celos incontrolables.
...
Cuando Gabriela abrió los ojos, ya era la mañana del día siguiente.
Lo primero que vio fue el rostro de Lorenzo Paredes.
—Lorenzo... —murmuró Gabriela con una voz débil y ronca.
Lorenzo, que estaba revisando unos asuntos en su celular, levantó la vista de inmediato. Al verla despierta, su rostro tenso se relajó.
—¡Gabi despertó! ¡Profesor, Gabi ya despertó!
Acto seguido, se escuchó el rechinar de una silla de ruedas.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera