Al ver la cara de desconcierto de Gloria, Viviana miró instintivamente a Gabriela y a Enzo, y luego echó un vistazo a los oficiales que estaban detrás de ella. Una expresión de ansiedad cubrió su rostro.
—¡Pues de la niña! —Agarró con fuerza la mano de su prima—. ¡De la niña que te encargué que cuidaras hace años!
Gloria soltó un "¡Ah!" como si finalmente recordara, y un destello veloz cruzó su mirada.
—¡Ah, la niña! ¡Sí, la niña está aquí! ¡Está en la casa!
—¡Rápido! ¡Lléveme a verla! —exigió Gabriela, dando un paso hacia Gloria con urgencia en los ojos.
Ansiaba verla, necesitaba desesperadamente abrazarla de una buena vez.
Viviana respiró aliviada, le dedicó una sonrisa a Gabriela y luego se giró hacia el Oficial Cortés.
—Se los dije, ¡la niña está aquí! La han cuidado muy bien, es toda una princesa.
Durante esos años, Gloria le enviaba alguna foto ocasional de la niña para mostrarle cómo iba creciendo. Sin embargo, Viviana solía darles un vistazo y borrarlas de inmediato, sin guardar ninguna en su teléfono.
La última vez que vio una foto fue a finales del año pasado, justo antes de Fin de Año. Gloria se la había mandado con la excusa de mostrarle a la niña, pero en realidad, su única intención era sacarle dinero.
Debido a la culpa que sentía, Viviana siempre le transfería dinero cada vez que recibía una foto.
Por eso recordaba cómo lucía la pequeña: tenía las mejillas regordetas y sonrosadas, dos colitas en el cabello, un vestido rosado y una sonrisa radiante.
—Oye, Viviana, ¿por qué tu nuera está tan desesperada por ver a la niña? —preguntó Gloria, mirándola con sospecha y confusión.

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