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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 381

Valentina estaba aterrada. Cerró los ojos con fuerza y rompió a llorar a mares.

—¡Cómo es posible que no lo recuerdes! —le reclamó Gabriela, incapaz de creerle. Si Valentina había estado tan decidida a cometer semejante atrocidad en aquel entonces, seguro lo había planeado todo. Debía tener pensado qué hacer con el bebé.

Valentina lloraba desconsolada.

—¡Te juro que no me acuerdo! Cuando cambié a los bebés, agarré al tuyo, me subí al auto y arranqué... Tenía la cabeza hecha un lío... Luego, simplemente busqué un basurero en la calle, en una zona donde no hubiera cámaras, y lo tiré ahí... ¡Te juro por mi vida que no recuerdo dónde fue! Sé que me equivoqué... te lo ruego, no me hagas daño...

Al escuchar las palabras de Valentina, fue como si a Gabriela le hubieran arrebatado el alma del cuerpo. Se quedó allí, como un cascarón vacío, con los brazos colgando inertes a los costados mientras su cuerpo comenzaba a tambalearse.

—¡Gabriela!

—¡Gabriela!

Enzo y Daniel gritaron su nombre al unísono, y ambos corrieron hacia ella.

Daniel llegó primero. Con una delicadeza infinita, sostuvo el cuerpo frágil y tembloroso de la mujer.

Gabriela ya estaba débil tras haber donado tanta sangre para salvar a Mateo, y con todo el desgaste emocional que acababa de sufrir, ahora parecía no pesar nada, como el pétalo de una flor a punto de marchitarse.

Daniel podía sentir la inmensa vulnerabilidad de la mujer entre sus brazos. La sostenía con tanto cuidado que temía que si aflojaba el agarre, ella caería, pero si la apretaba demasiado, podría lastimarla.

Enzo llegó un segundo más tarde. Primero, miró a Daniel con evidente sorpresa, pero rápidamente reprimió la extraña punzada que sintió en el pecho y se colocó al otro lado de Gabriela.

—¿Estás bien? ¿Llamo a un doctor? —preguntó Enzo.

Jimena, que estaba de pie cerca de la puerta, no perdía detalle de la escena. Su mirada estaba fija, inyectada en veneno.

No se le había escapado la tensión de Enzo al ver que Gabriela estaba a punto de desmayarse. Tampoco pasó por alto la extraña mirada que su esposo le lanzó a Daniel cuando este llegó primero a sostenerla, y mucho menos se le escapó la profunda preocupación que brillaba en los ojos de Enzo en ese mismo instante.

¡Se suponía que ella era la esposa de Enzo ahora!

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