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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 353

De lo contrario, no habrían circulado rumores entre los niños diciendo que Mila era tóxica o que iba a contaminar el aire.

Lo más probable era que esas barbaridades fueran inventos de los propios padres para asustar a sus hijos y evitar que se juntaran con ella.

Por supuesto, Gabriela podía llegar a entender, hasta cierto punto, la actitud de esos padres. Al fin y al cabo, el estado en el que se encontraba Mila antes era verdaderamente lamentable.

Pero todo esto había provocado que la niña jamás tuviera un solo amigo. Por ende, tampoco tenía con quién compartir la alegría de su lugar especial.

Claramente, Gabriela era la primera persona a la que Mila traía hasta allí.

La pequeña corría de un lado a otro llena de emoción, y con gran destreza arrancó un par de frutos silvestres del árbol. Por instinto, hizo el amago de limpiarlos frotándolos contra su ropa, pero al mirar hacia abajo y darse cuenta de que llevaba el vestido nuevo que la tía Gabi le había comprado, detuvo su mano en seco.

Gabriela sonrió al verla, sacó su termo de la mochila y le dijo:

—Ven, aquí tengo agua, vamos a lavarlos antes de comer.

A la pequeña se le iluminaron los ojos y corrió encantada hacia Gabriela, observando atentamente cómo lavaba la fruta.

Una vez limpios, Gabriela puso todos los frutos en las manos de Mila.

La niña negó con la cabeza y le ofreció los dos más grandes a Gabriela.

En realidad, esos frutos sabían exactamente como había descrito Clara: no eran nada del otro mundo. Pero para Mila, era la fruta más dulce y deliciosa a la que tenía acceso.

Gabriela los aceptó con una cálida sonrisa.

—Gracias, Mila.

La niña sonrió con timidez y justo cuando estaba a punto de morder su fruto, vio por el rabillo del ojo a Rocco y a Damián. Parpadeó con sus grandes ojos, pareciendo debatir internamente por unos segundos. Finalmente, inflando sus pequeñas mejillas, caminó hacia los dos hombres grandulones y les entregó un fruto a cada uno.

—Coman, dulces —dijo con una expresión totalmente seria y distante.

Tras entregarles la ofrenda, regresó corriendo hacia Gabriela con una risita alegre.

Damián miró el pequeño fruto en su mano, completamente atónito.

—Esta niña... pensar que quiso compartir esto conmigo.

De pronto, sintió una oleada de culpa. Él nunca le había invitado nada de comer a esa pequeña. Al contrario, hasta se había burlado diciendo que era una fiera.

Definitivamente, él no era un buen adulto...

Rocco bajó la mirada hacia el fruto en su mano, con una expresión ausente.

Mila llegó junto a Gabriela, se sentó en una roca y empezó a comer obedientemente, sin apartar ni por un segundo la vista de ella.

Gabriela se comió uno de los frutos y guardó el otro en su bolsillo con cuidado.

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