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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 298

Jimena no había visto a Enzo en todo el día, ni en casa ni en la empresa.

Al acercarse la hora de salida, Jimena recibió una llamada de la Casona Jara: la familia los esperaba para cenar.

Jimena fue a la oficina de Enzo, con la intención de irse juntos hacia la residencia familiar.

Pero al llegar, descubrió que su esposo ni siquiera estaba en el edificio.

Como su asistente personal, Jimena no recordaba que él tuviera compromisos externos en su agenda.

Lo llamó por teléfono y él le explicó que había surgido un imprevisto en la universidad donde daba clases como profesor invitado, por lo que tuvo que ir de urgencia.

Jimena no tuvo más remedio que salir del trabajo e irse sola a la casona.

Como los asuntos en la universidad se resolvieron antes de lo esperado, Enzo decidió pasar por su casa a cambiarse de ropa antes de dirigirse a la reunión familiar.

Al verlo entrar, Yolanda, la niñera, se sorprendió.

—Señor Enzo, ¿no iban a cenar a la casona esta noche?

No había preparado nada para la cena.

Enzo asintió.

—Así es, no te preocupes. Solo vine a cambiarme.

Al notar un par de zapatos desconocidos en la entrada, preguntó:

—¿Tenemos visitas?

—Ah —Yolanda señaló hacia el piso de arriba—. Es el profesor particular de inglés del pequeño Fabián. Tiene clase hoy, así que el niño no fue a la casona.

Enzo no hizo ningún comentario. Fabián era el sobrino de Jimena; él solo había aceptado que viviera con ellos para apoyarla, pero todo lo referente a la crianza y decisiones del niño recaía sobre su esposa.

Subió rápidamente, se cambió de ropa y se disponía a salir hacia la casona.

Yolanda dudó por un momento, pero finalmente lo llamó.

—Señor Enzo, espere un momento, por favor.

—¿Mmm? ¿Qué pasa? —respondió él sin detenerse, caminando hacia la puerta.

Yolanda se apresuró a alcanzarlo.

—Verá, es sobre mi sueldo. No me han pagado lo de este mes, ni lo del mes pasado.

Enzo frunció el ceño, sorprendido. Jamás imaginó que en su propia casa habría problemas de pagos atrasados.

En toda su empresa, jamás se le había retrasado el salario a un solo empleado.

Casi por instinto, soltó:

—Para esas cosas, solo tienes que hablar con Gabriela...

Apenas la frase salió de su boca, se dio cuenta de su error.

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