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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 271

Después de despachar al personal del evento, Héctor y Viviana salieron apresuradamente del recinto, pero lo único que alcanzaron a ver fueron las luces traseras de un auto alejándose en la distancia.

—¿Y Gabriela? —preguntó Héctor, buscando con desesperación la silueta de la joven.

—Se fue —respondió Enzo Jara, de pie y con los brazos caídos. Su rostro había recuperado su habitual frialdad, volviéndose ilegible.

Héctor, por el contrario, estaba rojo de ansiedad.

—¡¿Por qué diablos no la detuviste?!

...

Dentro del auto, Cristian, al volante, tenía una expresión llena de culpa.

—Perdóname, Gabi. No sabía que tenías historia con la familia Jara. Héctor contactó a varios conocidos para dar conmigo y me pidió que los presentara. Tuvimos una charla amena y accedí a hacerle el favor. Pero no te preocupes, te juro que no volverá a pasar. No pienso volver a verlo.

Si Cristian tuviera que elegir entre Héctor y Gabriela, ya fuera por su propio afecto personal o por su conexión con Rocco Salinas, elegiría a Gabriela sin dudarlo un segundo.

—No se preocupe, Don Cristian. Usted solo estaba siendo amable, no tiene por qué sentirse mal por mí —dijo Gabriela, sin querer ponerlo en una posición incómoda—. Además, tampoco es que tenga una enemistad a muerte con los Jara. Es solo que acabo de divorciarme de Enzo, así que prefiero mantener distancia con esa familia.

—¡¿Divorciarte?! —exclamó Isabel Zúñiga, abriendo los ojos de par en par, mirándola con incredulidad—. ¿Me estás diciendo que el hijo de Viviana es tu exesposo? ¿Que se acaban de separar?

—Sí —asintió Gabriela—. Hace muy poco. Además, tenemos un hijo de seis años juntos.

—¡¿Qué?! —Isabel sentía que el mundo se le venía abajo—. O sea que estuviste casada con ese infeliz durante siete años, tienen un hijo, ¡¿y a los pocos días de divorciarse ya anda presumiendo a su nueva mujercita?! ¡Eso es infidelidad pura y dura!

—Supongo que se le podría llamar así —respondió Gabriela arqueando una ceja. Quizás durante su matrimonio Enzo no la había engañado físicamente, pero su mente y su corazón, sin duda, ya le pertenecían a Jimena Sosa.

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