Cristian guio personalmente a Gabriela e Isabel por los elegantes pasillos, aunque como la ceremonia oficial aún no comenzaba, las damas del Círculo estaban reunidas en otra área.
Al llegar a una bifurcación en los corredores, Cristian se despidió de ellas y se dirigió hacia un pabellón de té más adelante para buscar a Héctor.
Por su parte, Isabel y Gabriela fueron escoltadas por el personal del club hacia donde se encontraba Viviana Yáñez.
El destino final era el Restaurante Áureo, un imponente salón de dos pisos con un estilo que mezclaba la arquitectura tradicional con toques modernos.
El personal las dejó justo en la entrada. Aún no cruzaban el umbral cuando ya se escuchaban las animadas risas de las damas que estaban adentro.
Entre todo el barullo, Gabriela distinguió una carcajada particular que le resultó desagradablemente familiar.
En ese momento, un miembro del personal se asomó al interior y anunció con voz clara:
—Profesora Yáñez, han llegado unas invitadas.
Dicho esto, el empleado hizo un gesto respetuoso para invitar a Isabel y a Gabriela a pasar.
Isabel tomó una profunda bocanada de aire, como si se preparara mentalmente para entrar a un campo de batalla, y luego tomó la mano de Gabriela con cariño.
—Vamos, Gabi. Entremos.
Gabriela no pudo evitar soltar una pequeña sonrisa al ver la expresión tan decidida y estoica de Isabel.
Adentro, Viviana estaba en su salsa, charlando animadamente con las señoras que ya habían llegado.
Un segundo antes, Lucía García estaba preguntando:
—¿Y esa señora Zúñiga por qué tarda tanto? ¿Acaso ya no va a venir?
Justo entonces, el personal anunció la llegada de más invitadas. Viviana se levantó con aire triunfal.

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