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Adiós, Perro Infiel: El Renacer de la Heredera romance Capítulo 199

—¡Mateo Jara!

De pronto, el grito furioso de Enzo retumbó en el patio. Con los ojos centelleando de rabia, fulminó a su hijo.

—¡Pídele perdón a Fabián ahora mismo!

Mateo encogió los hombros, asustado por el rugido de su padre, pero su respiración agitada delataba su indignación.

—¡No le voy a pedir perdón! ¡Yo no hice nada malo! ¡Él me empujó a mí! ¡Yo no lo toqué! ¡Él es el que me tiene que pedir perdón a mí!

Fabián levantó la cabeza, con el rostro bañado en lágrimas.

—Yo... yo te pido perdón... Fui un mal anfitrión... hice que te enojaras... yo... buaaaa...

Al escuchar a Fabián culparse de esa forma, hasta a Viviana se le partió el corazón. Miró a su nieto con severidad.

—Mateo, cuando uno hace algo malo, tiene que pedir disculpas.

—Así es, mi amor. Un niño bueno sabe reconocer sus errores —añadió Valentina. Por mucho que le doliera, la evidencia estaba ahí. El otro niño estaba herido y aterrorizado. No podía seguir consintiendo a Mateo frente a todos, mucho menos en un día tan importante como la petición de mano.

Al ver que su propia abuela y su tía lo obligaban a disculparse, el corazoncito de Mateo se llenó de impotencia y furia.

—¡No le voy a pedir perdón!

Corrió hacia Fabián, fuera de sí.

—¡Por qué eres tan mentiroso! ¡Di la verdad! ¡Dila! ¡Dila!

—¡Basta, Mateo! —Enzo perdió los estribos por completo. Lo tomó del brazo de un tirón, lo atrajo hacia él y le dio un manotazo fuerte en la espalda.

Era la primera vez en la vida que Enzo le pegaba, y la primera vez que Mateo recibía un golpe.

Aunque solo fue en la espalda, para Mateo se sintió como si el mundo entero se hubiera derrumbado.

Se quedó congelado un segundo y luego rompió en un llanto histérico.

—¡Ay, no, hermano! —Valentina corrió a proteger a Mateo, abrazándolo—. Si hizo algo mal, regáñalo, ¡pero no le pegues!

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